1928
¿Desde dónde me miras?
¿Con qué asombro inocente
velan un porvenir sin ti
tus ojos desvelados?
Eres tan sólo un niño de otra época
que custodia una patria demolida.
Un mundo en blanco y negro
del que nada perdura.
Hay manchas de humedad,
diminutas fisuras en el frágil
tejido del papel de la fotografía.
Y a tu espalda conspira inexorable
la lepra del olvido.
¿Desde dónde me observas?
¿Desde dónde te ven mis ojos tristes?
¿A quién en realidad
conmemoran piadosas mis palabras?
¿Qué estupor compartimos,
padre mío?
EL FÓSIL
Atrapado en el tiempo
sosegado del ámbar,
vida sin vida, late
tu corazón de piedra transparente.
Silencioso juglar,
vuela la nervadura de tus alas
en la ciega quietud del paranunca,
y en el asombro inútil de tu gesto
asoma el desenlace de una épica triste
de la que eres heraldo
aun a pesar de ti.
Hoy te miran mis ojos
desde la balaustrada de los siglos
con piedad absoluta,
insecto mineral
en quien me reconozco.
FATUM
La vida exige siempre se le pague
con el óbolo oscuro de la muerte.
Estipendio fatal.
Manrique nos lo dijo de otra forma
y a su modo la historia nos lo muestra.
Podremos alterar el curso de los ríos.
Mas su destino nunca.
EL ABRAZO
Cualquier abrazo tensa
los tendones del tiempo.
Una simple caricia es la simiente
que en su breve fulgor
encierra la estructura
carnal de lo absoluto.
Es la ley más antigua.
Aquel que dé hospedaje
en su pecho a la luz entre sus dedos guarda
la llave que conduce hasta el relámpago.
Arcano y misterioso es el poder
que nos presta el amor y nos vincula
a la flagrante lógica del mundo.
Cualquier abrazo ciñe
los antiguos resortes que concilian
la tierra con la tierra.
Cuanto el hombre pretende
y cuanto es.
ET LUX PERPETUA
Se preguntan los hombres a menudo
cómo será la muerte.
Intentan describirla con metáforas,
le adjudican la efigie de sus propios temores,
en su presencia tiemblan aturdidos.
Yo imagino la muerte
cuando, absorto, contemplo el firmamento
plagado de infinitas luminarias.
Cierro los ojos. Guardo
un silencio profundo.
Y un sudario de luz me cubre el rostro.
JACULATORIA
Por la palabra pan.
Por el silencio.
Por todo lo que nace sin propósito.
Por la luz y la sombra que me ofrecen
el doble rostro con el que me mira
la eternidad. Por el conocimiento.
Por el vino y la rosa. Por el mar.
Por el fuego y la rueda
que hicieron concebir a nuestros padres
la hermosa matemática del cosmos.
Por el amor, que todo lo convierte
en materia divina y redentora.
Por la palabra paz.
Por la palabra.