Antonio Ortega Fernández
ARS POETICA
Escribo versos. Lo confieso. Versos
de todos los colores y tamaños.
Indescifrables como jeroglíficos
egipcios. Transparentes.
Versos con mala uva. Versos lapa.
Versos muertos de amor.
Amasados con lágrimas.
Rebozados en sombra. Escribo versos
sometidos a estricto control métrico.
O indisciplinados como pájaros.
Versos hermafroditas.
Para todos los públicos.
Patológicamente depresivos.
Económicamente dolorosos.
Escribo versos. Lo confieso. Aunque
no sirvan para nada,
y acaben devorados como yo
por la tenaz polilla del olvido.
SESIÓN CONTINUA
Igual que una película
de bajo presupuesto,
con escasos efectos especiales
y un guión vulgar,
y actores de reparto con poca vocación
y numerosos extras,
sin música de fondo, en blanco y negro,
y, por supuesto, yo, el protagonista,
sin saberme el papel -a estas alturas-
y ajeno por completo al argumento.
VERSIÓN DEFINITIVA
En la contraportada
del libro de tu vida
escribirá el silencio
la última palabra.
Y en las estanterías de la noche
lo ha de cubrir el polvo
sin tiempo de la historia.
DESAHUCIO
Todos los días tratas
de encontrarte a ti mismo
en los ojos de cuantos te conceden
su migaja de luz al contemplarte.
Pues sabes que en los ojos
de aquellos que te miran
se refleja la sombra que eres sin aditivos,
y la imagen que adviertes siniestrada
es el rostro de un hombre insubstancial
que bucea desnudo
en las aguas oscuras de sus miedos.
Te miras con los ojos
colmados de renuncias.
Como un perro extraviado
cuando mira la noche.
HOJA DE RECLAMACIONES
La culpa te persigue desde siempre
con su bífida lengua.
Lame todos tus sueños con lascivia.
Por ella no podrás
pedir la absolución de los pecados
que no osó perpetrar tu espíritu medroso
cuando pagues el último
plazo de la hipoteca de tu vida.
Tendrás que rendir cuentas
de cuanto no emprendiste
por no haber sido nunca
punible responsable de tus actos,
pues oficiaste siempre una ramplona
humanidad compuesta de retales,
de palabras gastadas por el uso
y vagos sentimientos
que no comprometían en nada tu vacío.
No reclames jamás lo que jamás fue tuyo:
la gloria de vivir
de acuerdo con tus propias convicciones.
Siempre fuiste uno más de la manada.
¿A quién demandarás por el supuesto fraude
de haber adulterado
tú mismo tu existencia?
MISIÓN IMPOSIBLE
Disponemos de varios millones de recetas
para falsificar la cédula del miedo,
mil modos de sellar pactos de no agresión
con los zafios demonios que nos rondan,
infinitas maneras con las que camuflar
el tedio y la ceniza
entre los cortinajes del amor.
Pero ninguna forma, ni una sola,
encontraremos para negociar
la más pequeña tregua con el tiempo.
Por eso nos ultraja
la perentoriedad de cada instante,
pues nos sabemos víctimas de un expolio continuo.
Tal es la condición
de nuestro desamparo más secreto:
ese dolor oscuro de saber
que la vida no tiene sucedáneos.
Que la muerte no admite transacciones.
INTERROGACIÓN RETÓRICA
¿Quién es ese primate que me mira
burlón desde el espejo?
Su rostro coincide con mi rostro.
Sus gestos son los míos.
Ese vago temblor imperceptible
que adivino en sus ojos
coincide con mi forma de contemplar el mundo.
Su grito articulado no me engaña.
Reconozco su voz, su inútil borbotón
a ciegas de palabras insensatas.
¿Quién es ese impostor que cada día
responde a la existencia con mi nombre?
EL VARANO
Todas las noches viene hasta mi cama. Tiene
la dúctil consistencia de los sueños.
Se mueve sigiloso como una sombra helada
entre el ramaje espeso de lo oscuro,
atraviesa pasillos, recorre dormitorios
con la amenazadora lentitud
de los depredadores.
Cuando abre su boca terrible me despierto,
cubierto de sudor. Es un varano.
Una noche cualquiera
no me despertaré, y entonces
podré dormir al fin sin sobresaltos.
CLASE DE ASTRONOMÍA
La luz de esas estrellas ya ha ocurrido
CARLOS MARZAL
Hace miles de años
murieron las estrellas
que tus ojos contemplan esta noche.
Lo dicen los astrónomos.
Esa luz que ilumina
con un fulgor intenso en este mismo instante
tu mirada es la luz
que perfora la pulpa de la noche
desde una oscuridad sin tiempo. Llega
a tus tristes pupilas después de atravesar
el espacio orbital donde germinan
los agujeros negros de la nada.
Esas estrellas muertas te conducen
a extrañas coordenadas ya pretéritas.
Por eso intuyes que alguien te está mirando ahora
desde una estrella aún no nacida.
Quizás desde un futuro lejanísimo
en el que ya no quede –en este mismo instante-
sino un resplandor vago
de este engañoso mundo en el que habitas.
DISQUISICIONES CINEGÉTICAS
Es un depredador inexorable.
Intentas engañarlo con torpes artimañas
de cazador patético.
Inventas mil ardides increíbles
para darle esquinazo.
Burdas estratagemas
que harían sonreír a cualquier niño.
Pones cepos cosméticos
o soluciones plásticas
de falso cirujano remendón.
Pero nunca perdona.
Sabes que acabará tarde o temprano
por cobrarse su presa.
S.O.S.
Empuñas la metáfora
para matar la sombra
de tu propia miseria. Y levantas
el brazo ejecutor
esperando acabar
con esa angustia -de una vez por todas-
que te devora el ser como un tumor oscuro.
Hundes la atroz palabra en el papel
y das un grito sordo, mas todo continúa
inalterable. Sigues
muriendo mientras mueres.
Acercas a tu sien el heptasílabo
definitivo. Apuntas y disparas.
Como si cada verso fuera el punto
final de un testamento.
Y nada más tuvieras que decir.
INSOMNIO
A Reinaldo Jiménez
¿Qué fue de la princesa
y su príncipe azul?
¿De verdad se casaron
y comieron perdices sin hartarse?
¿Es verdad que se amaron hasta el fin de los tiempos,
que no pudo con ellos la perversa rutina,
ni la muerte terrible
ni el olvido?
INSTRUCCIONES MATERNAS
Esto es la vida: una aventura extraña
en la que sólo importa ser feliz.
Acéptalo sin más explicaciones
y cumple dignamente
con la hermosa tarea que el destino
te imponga cada día.
Serás únicamente prisionero
de tus propios fantasmas.
Mas cuando todo se te quede al fin,
después de haber vivido tu aventura,
en agua de borrajas,
no olvides, hijo mío,
que a nadie le podrás pedir perdón
por todo lo que nunca realizaste.
LA CASA
Houses live and die: ther is a time for building
and a time for living and for generation
and a time for the wind to break the loosemed plane
T. S. ELIOT
Primero se llevaron los objetos más simples:
los libros, la vajilla, los electrodomésticos,
y la casa quedó como un árbol sin hojas.
Después fueron los muebles. Y los de la mudanza
dejaron las paredes humilladas, desnudas,
igual que una mujer
abandonada por el enemigo.
Los de la construcción
saquearon sus restos sin piedad.
Hoy la casa no existe.
Ha desaparecido
y con ella la sombra de aquellos que habitaron
con amor su paisaje
y le dieron sentido alguna vez.
Y sobre su memoria,
con el júbilo triste de quienes edifican
un sueño sentenciado a la extinción,
otros hombres cimentan otra casa.
Como cimenta el tiempo
el polvo miserable de la historia.
FE DE VIDA
Pues no hay merecimiento en el nacer
y nada justifica nuestra muerte.
FRANCISCO BRINES
El que esto suscribe
confiesa sin pudor que tiembla y duda,
que ama hasta la médula, que sueña cosas raras,
que llora como un pánfilo por cualquier tontería,
que ríe con frecuencia sin motivo
y que a veces le duele no sabe muy bien dónde.
Pero le duele mucho.
Y que no dice nada de este dolor extraño
para no incomodar a cuantos le rodean.
Por eso escribe versos y más versos.
Como si pretendiese
desalojar molestos inquilinos
de las habitaciones del espíritu.
O exorcizar la angustia
de vivir con la soga siempre al cuello
mediante largas ristras de metáforas.
Y para que así conste
donde proceda firma el presente poema.
Como quien firma
un tratado de paz consigo mismo.
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