LIBROS

BREVE DISCURSO SOBRE LA INFELICIDAD

Un jurado integrado por doña Clara Janés, doña Josefa Parra, don Joaquín Marco, don Jesús Hilario Tundidor y don Aurelio Loureiro, concedió el XXII Premio Internacional “Leonor” de Poesía a este libro en la ciudad de Soria el día 25 de octubre de 2003.

 

El árbol del 98

El tiempo inexorable se aleja de nuestros atavismos. Nos abandona y solícitos apelamos al sueño y la fantasía. Los libros pasan también su calvario hacia el olvido, “pero hay alguien que acoge esta caída/con suavidad inmensa entre sus manos”, escribió Rilke. Lo mismo sucede con Breve discurso sobre la infelicidad , tan lleno de momentos de esplendor poético, de fugaces muestras del mejor quehacer en poesía actual.

Juan Ramón Barat es un gran poeta y lo está demostrando. Los premios y honores llenan espacios densos en la solapa de sus obras. El momento del gran salto está a punto de llegar. Se hace camino al andar. Será un salto espectacular y benefactor. En este poemario premiado con el nombre pálido y triste de Leonor, la musa amarilla y lánguida del gran Antonio Machado, hay una muestra proteica y cómplice del mejor Barat, del Barat frío por fuera y fuego interior. Él dice de San Juan, de Santa Teresa, yo veo la luminosa pasión de Garcilaso, la chispa abrileña de Gutierre de Cetina y la belleza pesimista del torvo y listísimo Quevedo. Y huelo la contaminación de todos los buenos poetas de nuestra historia literaria.

El poeta es oráculo y pastor de almas, “que no te arrastre nunca en su corriente/el vendaval absurdo de este mundo”, que traspasa la dimensión física del universo y “nunca volvió para contar/qué había al otro lado del misterioso límite”, que mira la ciudad como un actor que “tendrá que disparar tarde o temprano”, que lucha consigo mismo en una confusa inarmonía. Juan Ramón Barat sabe que después de perseguir la felicidad, la arcadia, la belleza, el amor, en “el silencio de la casa/pudo oírse otra vez, como un sordo rumor,/de huesos masticados por el tiempo,/el ruido de las ratas”.

Ha leído a Baroja y Unamuno, más pesimistas en sus obras que en sus vidas. Ha aprendido el nihilismo vital de Cernuda o Aleixandre, más optimistas en sus versos. Ha convivido con las dudas de Brines, de Siles, del Marzal.

Es difícil encasillar a Juan Ramón Barat, porque es un poeta de impulsos. Acaso todos convergen en el laberinto de la vida misma y en la pasión del corazón. Nunca más olvidar, perderíamos una poesía popular, culta, surrealista, neopurista, de la experiencia, existencial, verdadera, suficiente siempre. Una delicattessen .

Antonio Ortega Fernández

 

ARS POETICA

 

Escribo versos. Lo confieso. Versos

de todos los colores y tamaños.

Indescifrables como jeroglíficos

egipcios. Transparentes.

Versos con mala uva. Versos lapa.

Versos muertos de amor.

Amasados con lágrimas.

Rebozados en sombra. Escribo versos

sometidos a estricto control métrico.

O indisciplinados como pájaros.

Versos hermafroditas.

Para todos los públicos.

Patológicamente depresivos.

Económicamente dolorosos.

Escribo versos. Lo confieso. Aunque

no sirvan para nada,

y acaben devorados como yo

por la tenaz polilla del olvido.

 

SESIÓN CONTINUA

 

Igual que una película

de bajo presupuesto,

con escasos efectos especiales

y un guión vulgar,

y actores de reparto con poca vocación

y numerosos extras,

sin música de fondo, en blanco y negro,

y, por supuesto, yo, el protagonista,

sin saberme el papel -a estas alturas-

y ajeno por completo al argumento.

 

VERSIÓN DEFINITIVA

 

En la contraportada

del libro de tu vida

escribirá el silencio

la última palabra.

Y en las estanterías de la noche

lo ha de cubrir el polvo

sin tiempo de la historia.

 

DESAHUCIO

 

Todos los días tratas

de encontrarte a ti mismo

en los ojos de cuantos te conceden

su migaja de luz al contemplarte.

Pues sabes que en los ojos

de aquellos que te miran

se refleja la sombra que eres sin aditivos,

y la imagen que adviertes siniestrada

es el rostro de un hombre insubstancial

que bucea desnudo

en las aguas oscuras de sus miedos.

Te miras con los ojos

colmados de renuncias.

Como un perro extraviado

cuando mira la noche.

 

HOJA DE RECLAMACIONES

 

La culpa te persigue desde siempre

con su bífida lengua.

Lame todos tus sueños con lascivia.

Por ella no podrás

pedir la absolución de los pecados

que no osó perpetrar tu espíritu medroso

cuando pagues el último

plazo de la hipoteca de tu vida.

Tendrás que rendir cuentas

de cuanto no emprendiste

por no haber sido nunca

punible responsable de tus actos,

pues oficiaste siempre una ramplona

humanidad compuesta de retales,

de palabras gastadas por el uso

y vagos sentimientos

que no comprometían en nada tu vacío.

No reclames jamás lo que jamás fue tuyo:

la gloria de vivir

de acuerdo con tus propias convicciones.

Siempre fuiste uno más de la manada.

¿A quién demandarás por el supuesto fraude

de haber adulterado

tú mismo tu existencia?


MISIÓN IMPOSIBLE

 

Disponemos de varios millones de recetas

para falsificar la cédula del miedo,

mil modos de sellar pactos de no agresión

con los zafios demonios que nos rondan,

infinitas maneras con las que camuflar

el tedio y la ceniza

entre los cortinajes del amor.

Pero ninguna forma, ni una sola,

encontraremos para negociar

la más pequeña tregua con el tiempo.

Por eso nos ultraja

la perentoriedad de cada instante,

pues nos sabemos víctimas de un expolio continuo.

Tal es la condición

de nuestro desamparo más secreto:

ese dolor oscuro de saber

que la vida no tiene sucedáneos.

Que la muerte no admite transacciones.


INTERROGACIÓN RETÓRICA

 

¿Quién es ese primate que me mira

burlón desde el espejo?

Su rostro coincide con mi rostro.

Sus gestos son los míos.

Ese vago temblor imperceptible

que adivino en sus ojos

coincide con mi forma de contemplar el mundo.

Su grito articulado no me engaña.

Reconozco su voz, su inútil borbotón

a ciegas de palabras insensatas.

¿Quién es ese impostor que cada día

responde a la existencia con mi nombre?


EL VARANO

 

Todas las noches viene hasta mi cama. Tiene

la dúctil consistencia de los sueños.

Se mueve sigiloso como una sombra helada

entre el ramaje espeso de lo oscuro,

atraviesa pasillos, recorre dormitorios

con la amenazadora lentitud

de los depredadores.

Cuando abre su boca terrible me despierto,

cubierto de sudor. Es un varano.

Una noche cualquiera

no me despertaré, y entonces

podré dormir al fin sin sobresaltos.


CLASE DE ASTRONOMÍA

 

La luz de esas estrellas ya ha ocurrido

CARLOS MARZAL

 

Hace miles de años

murieron las estrellas

que tus ojos contemplan esta noche.

Lo dicen los astrónomos.

Esa luz que ilumina

con un fulgor intenso en este mismo instante

tu mirada es la luz

que perfora la pulpa de la noche

desde una oscuridad sin tiempo. Llega

a tus tristes pupilas después de atravesar

el espacio orbital donde germinan

los agujeros negros de la nada.

Esas estrellas muertas te conducen

a extrañas coordenadas ya pretéritas.

Por eso intuyes que alguien te está mirando ahora

desde una estrella aún no nacida.

Quizás desde un futuro lejanísimo

en el que ya no quede –en este mismo instante-

sino un resplandor vago

de este engañoso mundo en el que habitas.

 

DISQUISICIONES CINEGÉTICAS

 

Es un depredador inexorable.

Intentas engañarlo con torpes artimañas

de cazador patético.

Inventas mil ardides increíbles

para darle esquinazo.

Burdas estratagemas

que harían sonreír a cualquier niño.

Pones cepos cosméticos

o soluciones plásticas

de falso cirujano remendón.

Pero nunca perdona.

Sabes que acabará tarde o temprano

por cobrarse su presa.


S.O.S.

 

Empuñas la metáfora

para matar la sombra

de tu propia miseria. Y levantas

el brazo ejecutor

esperando acabar

con esa angustia -de una vez por todas-

que te devora el ser como un tumor oscuro.

Hundes la atroz palabra en el papel

y das un grito sordo, mas todo continúa

inalterable. Sigues

muriendo mientras mueres.

Acercas a tu sien el heptasílabo

definitivo. Apuntas y disparas.

Como si cada verso fuera el punto

final de un testamento.

Y nada más tuvieras que decir.


INSOMNIO

 

A Reinaldo Jiménez

 

¿Qué fue de la princesa

y su príncipe azul?

¿De verdad se casaron

y comieron perdices sin hartarse?

¿Es verdad que se amaron hasta el fin de los tiempos,

que no pudo con ellos la perversa rutina,

ni la muerte terrible

ni el olvido?

 

INSTRUCCIONES MATERNAS

 

Esto es la vida: una aventura extraña

en la que sólo importa ser feliz.

Acéptalo sin más explicaciones

y cumple dignamente

con la hermosa tarea que el destino

te imponga cada día.

Serás únicamente prisionero

de tus propios fantasmas.

Mas cuando todo se te quede al fin,

después de haber vivido tu aventura,

en agua de borrajas,

no olvides, hijo mío,

que a nadie le podrás pedir perdón

por todo lo que nunca realizaste.


LA CASA

 

Houses live and die: ther is a time for building

and a time for living and for generation

and a time for the wind to break the loosemed plane

T. S. ELIOT

 

Primero se llevaron los objetos más simples:

los libros, la vajilla, los electrodomésticos,

y la casa quedó como un árbol sin hojas.

Después fueron los muebles. Y los de la mudanza

dejaron las paredes humilladas, desnudas,

igual que una mujer

abandonada por el enemigo.

Los de la construcción

saquearon sus restos sin piedad.

Hoy la casa no existe.

Ha desaparecido

y con ella la sombra de aquellos que habitaron

con amor su paisaje

y le dieron sentido alguna vez.

Y sobre su memoria,

con el júbilo triste de quienes edifican

un sueño sentenciado a la extinción,

otros hombres cimentan otra casa.

Como cimenta el tiempo

el polvo miserable de la historia.


FE DE VIDA

 

Pues no hay merecimiento en el nacer

y nada justifica nuestra muerte.

FRANCISCO BRINES

 

El que esto suscribe

confiesa sin pudor que tiembla y duda,

que ama hasta la médula, que sueña cosas raras,

que llora como un pánfilo por cualquier tontería,

que ríe con frecuencia sin motivo

y que a veces le duele no sabe muy bien dónde.

Pero le duele mucho.

Y que no dice nada de este dolor extraño

para no incomodar a cuantos le rodean.

Por eso escribe versos y más versos.

Como si pretendiese

desalojar molestos inquilinos

de las habitaciones del espíritu.

O exorcizar la angustia

de vivir con la soga siempre al cuello

mediante largas ristras de metáforas.

Y para que así conste

donde proceda firma el presente poema.

Como quien firma

un tratado de paz consigo mismo.

 


 

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