POESÍA PARA GORRIONES

 

3ª edición: Valencia, 2005

4ª edición: Valencia, 2007

 

 

 

La Editorial Carena (UMA) vuelve a editar este libro con una interesante novedad. Se ha incluido un Taller de Poesía al final del poemario.

 

Este Taller Básico de Poesía está destinado a todos aquellos que quieran conocer los instrumentos elementales con los que se puede construir un poema.

Para escribir versos no es necesario ser un experto. Sólo hace falta tener una buena dosis de imaginación, contemplar el mundo que nos rodea con alegría y dejar volar los sueños como si fueran pájaros.

Se puede empezar a escribir poesía sin reglas. Salga como salga del baúl de nuestra fantasía. Pero si se quiere utilizar las herramientas de la escritura con un mínimo de destreza, habrá que tener en cuenta algunas consideraciones.

Las Reglas Elementales de este Taller contemplan los siguientes aspectos:

 

1. La métrica.

2. La rima.

3. La estructura.

4. Verso, estrofa y poema.

5. Algunos juegos de creación poética para el aula.

6. Algunas figuras poéticas importantes.

7. Algunos consejos prácticos.

8. Algunas claves de POESÍA PARA GORRIONES.

9. Vocabulario básico de POESÍA PARA GORRIONES.

 

 

AZUL DE MAR

 

Tengo los ojos azules

de tanto mirar el mar

y un confín de lejanía

en mis pupilas de sal.

 

Y las espumas del agua

en su trémulo brillar

invaden mi corazón

como rosas de cristal.

 

Tengo los ojos azules

de tanto mirar el mar.

Por las esquinas del agua

mi pensamiento se va.

 

En el mar busqué naranjas

y palomas de coral,

y no hallé más que silencio

y un rumor de soledad.

 

Tengo los ojos azules

de mirar la inmensidad.

Con el mar se van mis sueños,

con el mar, el mar, el mar.

 

 

 

CANCIÓN ELEMENTAL

 

Eres como lluvia,

tan triste y hermosa,

y en tus ojos brilla

un agua de rosas.

 

Eres como el sol,

triste y luminosa,

y en tu pelo esplenden

espigas sin sombra.

 

Eres tú la luna,

triste y silenciosa,

y en tu alma duermen

blancas amapolas.

 

Eres lluvia y sol

luna silenciosa.

Mi rosa de agua,

mi espiga sin sombra.

 

 

 

ALEGRÍA DEL JILGUERO

 

En la verde campiña,

siempre risueño,

entre flores alegres

vuela el jilguero.

 

Abanico sus alas

dorado y negro,

un avión de colores

su tibio cuerpo.

 

En la policromía

del campo bello,

cruza sendas del aire

su limpio vuelo.

 

Margaritas de oro,

jacintos frescos,

tulipanes rosados,

lirios espléndidos.

 

Mas de todas las flores

del marzo nuevo,

el jilguero prefiere

los cardos tiernos.

 

En su hermosa corola

busca el jilguero

semillas para un nido

algodonero.

 

Mediodía de marzo,

color y fuego.

Ajedrez de fragancias

el aire nuevo.

 

En la verde campiña

siempre risueño.

Un avión de colores

vuela el jilguero.

 

 

CUENTO DEL NIÑO JESÚS

 

Para que duermas feliz

te voy a contar el cuento

de una historia que pasó

hace muchísimo tiempo.

Eran un rey y una reina

que gobernaban un reino

en un país muy lejano

cuyo nombre no recuerdo.

 

Vivían en un palacio

de un esplendor inmenso,

con las torres de marfil

y de oro suelo y techo.

Alrededor de sus muros

había un jardín eterno,

con flores de todas clases

y un hermoso riachuelo.

 

Mas todos los que vivían

en aquel lejano reino

estaban siempre muy tristes,

los monarcas y los siervos,

artesanos, mercaderes,

campesinos, carpinteros.

A todos los envolvía

el mismo aire siniestro.

 

Era el caso que los reyes

no tenían heredero

y en un arranque de ira

mandaron al pregonero

que divulgase la orden

de que nadie en todo el reino

podría tener ya hijos

hasta nuevo mandamiento.

 

Así pasaron los años

uno tras otro en silencio,

y todo en aquel país

era un puro desconsuelo.

Los reyes ya eran ancianos,

los habitantes ya viejos,

y el reino aquel parecía

un tristísimo desierto.

 

Pero un día aquella reina

tuvo un misterioso sueño.

Soñó que su corazón

navegaba por el cielo

como un pájaro de luz

perdido en el firmamento.

Y oyó una voz que decía

entre susurros de viento:

 

-Ay madre, yo soy la sombra

del hijo que llevas dentro,

y aunque nunca me verás

yo vivo en tu sentimiento.

Y también me duele a mí

la flor de tu sufrimiento.

Mas no quiero que te mueras

con el rencor en el pecho.

 

-Oh hijo, dijo la reina,

¿dónde estás que no te veo?

¿de dónde viene la música

de tu voz que no comprendo?

-Ay madre, yo soy la sombra

de niños que no nacieron,

y aunque yo nunca nací

¿qué culpa tuvieron ellos?

Deja que fluya la brisa

entre las flores del huerto

y que rían las estrellas

en el zafiro del cielo.

Despertó la reina al fin

de aquel fantástico sueño

y sus ojos sorprendidos

en el acto comprendieron

que un milagro prodigioso

había alterado el tiempo,

pues se vio joven y bella

al mirarse en el espejo.

 

El rey mandó que al instante

divulgase el pregonero

la noticia sorprendente

de este nuevo mandamiento:

que en el término de un año

debía llenarse el reino

de un regimiento de niños,

que así lo mandaba el cielo.

 

Desde entonces, la alegría

rige la vida del reino,

las sonrisas infantiles,

las canciones y los sueños.

Más tarde quiso el milagro

que naciese un heredero.

Y creo que fue Jesús

el nombre que le pusieron.

 

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