LIBROS

EL HÉROE ABSURDO

 

CAPTATIO BENEVOLENTIAE

 

Amable lector:

Este libro que tienes en las manos constituye un compendio de mi poesía publicada. Para evitar prolijidades innecesarias y enojosas, me he permitido la licencia de realizar una somera selección de poemas. Confío en que los versos escogidos sean suficientes para dar una muestra cabal y fidedigna de mi trayectoria poética. Desde esta página pido disculpas a los poemas omitidos.
He dejado también dormir el sueño de los justos a mis primeras publicaciones. Fueron necesarias en su día para iniciar o confirmar mi vocación literaria. Nada más. Descansen, pues, en las estanterías de mi buhardilla.
Los cuatro libros aquí reunidos son el fruto de mi desenfrenada relación amorosa con los escritores clásicos, greco-latinos y españoles fundamentalmente. A saber: La coartada del lobo, Como todos ustedes, Breve discurso sobre la infelicidad y Piedra Primaria.
Pienso que todos los seres humanos, en cualquier encrucijada de la historia, experimentamos los mismos sentimientos de gozo o de zozobra, de estupor o de fascinación ante los grandes enigmas del mundo: el amor, la vida, la muerte, el más allá o el sentido de la existencia. Yo no soy una excepción. La poesía me permite expresar la perplejidad con la que vivo. Pero también representa un ejercicio de búsqueda y conocimiento, pues cada poema supone para mí una encarnizada batalla dialógica con el lenguaje, el pensamiento y mis propias emociones.
Espero que mis versos me delaten.

 

Juan Ramón Barat

PUES

 

que voy a morir

que todo muere

la tierra las estrellas

los pájaros el mar

que todo sin razón

se ha de pudrir

en esa negra infinitud vacía

que llamamos el tiempo

y sé

que nunca más

volveremos a vernos

amor mío

mas a pesar de todo

 

(De La coartada del lobo)

 

ABLATIVO DE SOMBRA

 

No cambiará mi vida

el esplendor del mundo

o su miseria,

ni alterará mi muerte

el curso de los astros

o la historia.

Si los dioses existen,

¿por qué tejen su trama en el silencio?

 

(De La coartada del lobo)

 

INTERLUDIO

 

no muere el tiempo

que nunca hemos vivido

mas duele como rosa

arrancada

a la sentida carne

como astilla de luz

que el pensamiento anega en la tristeza

 

(De La coartada del lobo)

 

DESPUÉS

 

Ha de rodar tu voz

como cascada oscura

en los cantiles fríos de la noche

y estremecer la losa del olvido

tus insignias bordadas con ceniza.

 

Tú que alzaste palabras a la luz,

tendrás que tripular tu sombra triste.

 

Serás ritmo del aire, tromba o signo,

atributo de un orden imposible.

 

Y que cifre la muerte lo que acaso

no te fue revelado con la vida.

 

(De La coartada del lobo)

 

SIN ORDEN NI CONCIERTO

 

No sé si estoy aquí o en otra parte.

Si vivo en un maravilloso sueño

o en una interminable pesadilla.

Si soy el resultado

de algún experimento intergaláctico

o la reencarnación

de un pobre campesino medieval.

Si he de considerarme

libre o, por el contrario,

cautivo entre congéneres cautivos.

Ignoro si esta música azul me pertenece,

si la luz que ilumina mi existencia

es mía en exclusiva

o debo compartirla con otras criaturas.

No sé muy bien por qué, pero sospecho

de modo permanente

debe de ser orgánica,

como la sed, como la angustia

o el ansia de matar.

A veces, me pregunto

quién empuña la pluma

que escribe mis poemas.

 

(De Como todos ustedes)

 

PONIENTE

 

Tiene que haber un código secreto

con el que traducir

el mensaje cifrado de esta paz infinita

que los campos rezuman,

las jaras, las higueras,

el humilde algarrobo centenario

alzándose en la luz hacia el poniente,

de este vago temblor

que sacude tu alma

con toda intensidad

cuando cruza tus ojos el relámpago

azul de la belleza, y en lo más

oculto de ti mismo eternamente

las rosas de la tarde

se desangran.

 

(De Como todos ustedes)

 

ORACIÓN

 

Debe de haber un dios

en algún recoveco sideral.

Un ser de otra galaxia que administre

los días y las noches,

el ciclo de las lluvias y las guerras,

las largas migraciones de los pájaros

y las pequeñas dosis cotidianas

de hambre y sufrimiento.

Alguien a quien pedir explicaciones

acerca de esta pésima gestión

de convertir al hombre

en el protagonista de la historia.

No es posible que tanto desatino

se deba solamente

a la ruleta rusa de los astros.

Sin duda alguna. Debe

de haber alguna mano celestial

detrás de esta barbarie milenaria.

 

(De Como todos ustedes)

 

EL HOMBRE

 

Una brizna de hierba

traída por el aire

que cae con blandura

sobre la superficie azul del agua,

que lucha inútilmente por no hundirse,

que sucumbe y acaba descendiendo

hasta el fondo del limo.

 

(De Como todos ustedes)

 

THRILLER

 

Tendrás que disparar tarde o temprano.

La ciudad es un dédalo de sombras

por donde te persigue

un espectral ejército de tristes minotauros.

El ojo de la luna

te mira desde el fondo de la noche.

Refleja tu silueta contra el muro

de la desolación.

Tendrás que disparar

para ponerte en paz

con todos tus fantasmas

cuando tu propia pesadilla te acorrale

en una callejuela sin salida.

 

(De Breve discurso sobre la infelicidad)

 

LAS HORAS

 

Uno las ve pasar

lentamente y suspira,

quisiera poseerlas

a todas: las alegres y las tristes,

las bellas y las feas. Ellas pasan

silenciosas y doblan las esquinas

o cruzan los caminos.

A todas se las lleva

el viento convulsivo de los días.

Se van y nunca vuelven. Pero dejan

un amargo regusto

de impotencia en la carne,

un inmenso vacío en el alma,

y el ingrato sabor de la derrota.

 

(De Breve discurso sobre la infelicidad)

 

COMPOSICIÓN ANALGÉSICA

 

Lo que el dolor te ofrece generoso

es el conocimiento de tu propia miseria.

La oscura luz de la sabiduría

te acerca al epicentro de tu ser,

donde el misterio traza su quimérica

constelación de sombras

y la consciencia cobra la cabal dimensión

de su insignificancia.

El dolor te conduce,

igual que un perro fiel,

hasta el origen mismo de tu vida.

El feudo que los hombres

solemos confundir con el destino.

 

(De Breve discurso sobre la infelicidad)

 

LAS RATAS

 

El murmullo de las conversaciones

fluía como un río entre la música

frutal de los violines. En las lámparas

la luz multiplicaba su destello.

Bellísimos tapices,

escudos y blasones adornaban

un salón con alfombras

y columnas de mármol.

Del jardín entreabierto

llegaba un exquisito aroma de magnolias.

Al acabar la fiesta, el personal

de servicio, tras una minuciosa limpieza,

volvió a ponerlo todo en su lugar,

como si nada hubiera sucedido

aquella hermosa noche.

Restaurado el silencio de la casa,

pudo oírse otra vez, como un sordo rumor

de huesos masticados por el tiempo,

el ruido de las ratas.

 

(De Breve discurso sobre la infelicidad)

 

REGISTRO DE LA PROPIEDAD EXISTENCIAL

 

Con el paso furtivo de los años,

la vida acaba siendo

una confiscación en toda regla

de cada una de tus posesiones.

El tiempo decomisa

lentamente tus bienes,

con esa languidez apenas perceptible

con que desaparece la claridad del día.

Aquello que creías arraigado

en la jurisdicción sagrada de tu infancia,

el tesoro escondido

en la isla más remota de tu espíritu,

todo lo que conforma el historial

sin brillo con tu nombre,

es víctima propicia

del expolio implacable de la decrepitud.

No cabe registrar, pues, la existencia

sino en las oficinas translúcidas del aire.

Allí donde la nada

apacienta su turba de gusanos.

 

(De Piedra Primaria)

 

EL RASTRO DE YORIK

 

A veces te examina la existencia.

Te mira desde el fondo

de los ojos vacíos de la historia.

Desde el ciego latido del espejo

donde adviertes desnudo,

como Hamlet,

tu triste calavera sin metáforas.

(De Piedra Primaria)

 

LO DEMÁS

 

En tus ojos fulgura

con su líquida luz

el porquesí del mundo,

la claridad irguiendo su relámpago,

el agua milagrosa

que repara mi sed

y legitima toda mi existencia.

Lo demás es desorden, amor mío,

el abismo terrible.

La intemperie.


(De Piedra Primaria)

 

PIEDRA PRIMARIA

 

¿Dónde está la verdad?

¿Desde qué falso templo se levanta

su voz como un inmemorial ofidio?

La verdad de qué hombre,

de qué pueblo arrasado,

la verdad de qué dios,

de qué especie animal.

En qué estrella perdida,

enterrada en la ciénaga

infinita del tiempo.

 

(De Piedra Primaria)

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