JAIME I

EL REY TEMPLARIO

 

Editorial Carena

180 páginas

Incluye mapa de la época

y árbol genealógico de la Corona de Aragón.

 

 

La Baja Edad Media es una época de fanatismo y violencia, un laberinto de arenas movedizas donde reyes cruzados, emperadores herejes, papas inquisidores, nobles cátaros, obispos ambiciosos, caballeros templarios, piratas berberiscos y califas sarracenos se enfrentan en una interminable guerra de todos contra todos. El príncipe Jaime, único heredero de la corona de Aragón, queda huérfano a la edad de cinco años y prisionero del hombre que acaba de matar a su padre Pedro el Católico. El reino que debe gobernar es uno de los más importantes de Europa. Aragón limita al norte con los francos, al oeste con los reinos cristianos de Navarra y Castilla, al sur con los musulmanes y al este con el Sacro Imperio. Sobrevivir en ese escenario de sangre y fuego se convertirá en una misión prácticamente imposible para un niño indefenso y a merced de los intereses de unos y de otros. Pero Jaime es un predestinado. Uno de esos hombres que tienen reservado un lugar especial en la Historia.

 

PRÓLOGO

 

Un hombre es un milagro irrepetible que, en ocasiones, determina el devenir de los acontecimientos. Tal es el caso de Jaime de Aragón, el protagonista de esta historia. Sin él, el mundo que conocemos, nuestro mundo, habría sido muy diferente de como es.

Por lo pronto habrá que decir que su vida se debió a una suma de azarosas casualidades, si es que el azar existe y no es la providencia la que teje, con su mano sabia y paciente, el destino de los hombres.

Para un individuo del siglo XXI, comprender el comportamiento de personajes que vivieron ochocientos años atrás puede resultar complejo, por no decir imposible. Es probable que los seres humanos seamos siempre los mismos, con nuestra carga de sentimientos y emociones, pero las costumbres y los usos difieren –incluso abismalmente de una época a otra, de una a otra sociedad.

Si viajáramos al corazón de la Edad Media hallaríamos un laberinto de arenas movedizas y fronteras cambiantes. Europa era un escenario de fanatismo y violencia incontrolada donde reyes cruzados, emperadores herejes, papas inquisidores, nobles cátaros, obispos ambiciosos, caballeros templarios, piratas berberiscos y califas sarracenos se enfrentaban en una interminable guerra de todos contra todos.

El reino que heredó Jaime con cinco años era uno de los más poderosos del continente: Aragón, Cataluña y todo el sur de la actual Francia; una enorme extensión de territorios feudatarios de su corona a ambos lados de los Pirineos que limitaba al norte con los francos y al sur, según la marca hispánica, con los musulmanes.

Suele ocurrir que las grandes historias empiezan a fraguarse mucho antes del nacimiento del héroe. Es ése un espacio brumoso donde la realidad y la leyenda se confunden, y ésta no es una excepción.

Discurría el siglo XII cuando la joven Eudoxia, hija del emperador de Bizancio Manuel Comneno, fue prometida al rey de Aragón, Alfonso el Casto, que de casto no tenía nada. Tal vez por esto y por su afición a la música había quienes preferían llamarlo el Trovador. El viaje de la princesa estuvo plagado de dificultades y desgracias, hasta el punto de que tardó casi medio año en aparecer por los territorios del futuro esposo. Alfonso el Casto, impaciente y alocado, cambió de planes durante la espera y prefirió unirse a la Corona de Castilla, con la que tramaba la guerra contra los moros. Fue así como, de manera inesperada, contrajo matrimonio con Sancha de Castilla y dejó con un palmo de narices a la bizantina.

Cuando Eudoxia llegó a Montpellier, que por aquel entonces pertenecía a la Corona de Aragón, y fue informada del suceso, intentó suicidarse. Finalmente, y aconsejada por unos y por otros, aceptó humillada el matrimonio con el señor de la ciudad, Guillermo VIII. Jamás una princesa se había casado con un simple señor. De esa boda inaudita, nació dos años más tarde María de Montpellier.

Entre tanto, Alfonso el Casto vivía lleno de remordimientos. Cierta noche, tuvo un sueño en el que se le apareció la muerte para recordarle que estaba en pecado mortal por haber faltado a su palabra de rey y haber engañado a la princesa bizantina. La pesadumbre acabó convirtiéndose en una terrible congoja que no le dejaba vivir. Hasta que otra noche volvió a aparecérsele la muerte diciéndole que el tiempo para enmendar su falta se acababa y que sólo había un medio para hacerlo: casando a su hijo primogénito, Pedro, con la hija de Eudoxia. De ese modo, la sangre de Aragón se uniría con la sangre bizantina y la afrenta sería reparada.

Pedro de Aragón y María de Montpellier, pues, fueron obligados a casarse. Y de ese matrimonio inverosímil y condenado al fracaso desde el primer día nació inesperadamente Jaime, el protagonista de esta narración.

Ésta que sigue es, a grandes rasgos, la maravillosa historia de su vida. Su milagro.

 

 

ÍNDICE

 

Prólogo

I. Tierra de cátaros.

II. Una noche de amor

III. Las doce velas

IV. El príncipe debe morir

V. La Armada de Cristo

VI. Las Navas de Tolosa

VII. La batalla de Muret

VIII. El castillo de Monzón

IX. Los caballeros de la Orden Templaria

X. La fuerza del dragón

XI. La leyenda de San Jorge

XII. Tiempos de violencia

XIII. Leonor de Castilla

XIV. El primer amor

XV. Bienvenido al infierno

XVI. Aurembiaix la bella

XVII. En los abismos del mar

XVIII. Noche de hogueras

XIX. Los dominios del Rey Lobo

XX. Violante de Hungría

XXI. El Cerro de la Cebolla

XXII. Abdel al Rahim

XXIII. El campamento de los cruzados

XXIV. La flecha envenenada

XXV. El ojo ciego de Dios

XXVI. Las lágrimas de la reina

XXVII. La tierra prometida

XVVIII. Balansya

Epílogo