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MALAS COMPAÑÍAS

En Majadahonda, a 5 de julio de 2006, un jurado formado por don José Antonio Carnevali, Concejal de Cultura, quien actúa como Presidente, don Olimpíades Rivera, como secretario, doña Sabina de la Cruz , don Juan Van Halen, don José Luis Morales, don Pedro Antonio González Moreno y don Mario Hernández decide otorgar el XVII Premio "Blas de Otero" convocado y organizado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Majadahonda al libro Malas compañías del escritor Juan Ramón Barat.

**********

 

 

Parióme mi madre

una noche escura;

cubrióme de luto,

faltóme ventura.

POPULAR

 

Índice

I. AMARGA MIEL DEL SUEÑO  

•  ACASO

•  ESTAMPA INVERNAL

•  POST SCRIPTUM

•  PROBLEMAS PROFILÁCTICOS

•  CUADERNO DE BITÁCORA

•  HORMIGAS

•  VARIACIONES SOBRE UN TEMA DE MANRIQUE

•  EL CAMPO DE BATALLA

•  EXCLUSIVA

•  AMARGA MIEL DEL SUEÑO

II. MALAS COMPAÑÍAS

•  EPIGRAMA FUNERARIO

•  EL ESPEJO

•  MALAS COMPAÑÍAS

•  AGUAFUERTE

•  TANKA

•  QUE ESTÁ BIEN ESCONDIDA

•  DE LA FUGACIDAD

•  AGUA SIN GAS

•  DEJA DE DARLE VUELTAS

•  AXIOMA

  III. LA HERMOSA LUMBRE

•  EL DON

•  MEDIANOCHE

•  EN SON DE PAZ

•  RECURSO DE DESAMPARO

•  LA HERMOSA LUMBRE

•  COMO UN HOMBRE CUALQUIERA

•  CARNE

•  UN FULGOR CEREAL

•  LO ABSOLUTO

•  TIC TAC

IV. LIQUIDACIÓN DE EXISTENCIAS

•  BANCARROTA

•  UNA JARRA DE CERVEZA

•  MICROBIOLOGÍA

•  CARTÓN PIEDRA

•  LA LIBERTAD

•  DIRECCIÓN NO ASISTIDA

•  LIQUIDACIÓN DE EXISTENCIAS

•  IN EXTREMIS

•  BAJO TIERRA

•  PARÁBOLA DEL HUÉSPED

V. ROSAS AMARILLAS

•  MOCIÓN DE CENSURA

•  EL RETRATO

•  LA NIEBLA

•  PATIO DE BUTACAS

•  LAS GAFAS

•  EL ÁRBOL

•  ROSAS AMARILLAS

•  LA PALOMA

•  HIGOS

•  PAVANA PARA UN INFANTE DIFUNTO

 

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I. AMARGA MIEL DEL SUEÑO

 

ACASO

 

De sangre en sangre vengo,

como el mar de ola en ola.

MIGUEL HERNÁNDEZ

 

Hasta llegar a mí

por la incierta avenida de la historia

esta carne que soy,

¿qué pudo ser?

¿En qué loza del aire reposaba

el tejido invisible de mi espíritu?

¿Era acaso una sombra sin ser en el proyecto

de un futuro imposible?

Río de niebla oscura

corriendo por las ramblas del azar.

¿Qué extrañas galerías recorrí

hasta desembocar en el milagro

absurdo de la vida?

 

ESTAMPA INVERNAL

 

Se suceden los días

como pájaros tristes

volando hacia el ocaso.

En los desfiladeros de la noche

su estela se disuelve para siempre.

A veces hace frío.

Y apenas quedan sueños

para echar a la lumbre.

 

POST SCRIPTUM

 

Si alguna vez escribes

sobre la vida, el tiempo o el destino

piensa que cuanto digas

otros muchos lo han dicho

antes que tú, y mejor.

Y acaso con más fe.

Nada descubrirás bajo la luz del sol

que sea para ti

excepcional paisaje.

Ni siquiera el dolor

que te ha de acompañar

el día que te vayas.

No eres original, por mucho que te pese.

Eres, en resumidas cuentas,

la copia de una copia

que es la enésima copia de otra copia.

Así que ya lo sabes. Si alguna vez escribes

o sientes o meditas

sobre cualquier suceso cotidiano

maldita falta hace

tu firma al pie de la reproducción.

 

PROBLEMAS PROFILÁCTICOS

 

No es posible lavar con detergente

los sueños ulcerados.

Son heridas que sangran por las pústulas

invisibles del alma.

Cuando se cierran dejan

una gran cicatriz

que a veces vuelve a abrirse con el tiempo.

Y lo que sale entonces

es el pus venenoso

de la más íntima claudicación.

 

CUADERNO DE BITÁCORA

 

Los caminos del mar son infinitos

abismos donde el hombre se extravía.

Extraños laberintos

de luz que se bifurcan

en un jardín azul sin horizontes.

Metáfora del ser,

el mar eterno,

donde todo se extingue y rememora.

 

HORMIGAS

 

Interminablemente se suceden.

Eslabones de sombra en la cadena

genética del polvo.

Vienen y van. Su vida

sólo contempla el punto cardinal

de la más absoluta intranscendencia.

¿Qué brújula gobierna su fluir?

¿A qué ser pertenece

el pie que las aplasta impunemente?

 

VARIACIONES SOBRE UN TEMA DE MANRIQUE

 

Nuestras vidas son los ríos

que van a dar a la mar,

que es el morir.

JORGE MANRIQUE

 

Mi destino es el mar.

Siempre lo supe.

Agua oscura mi espíritu fluyendo

en la corriente absurda

de ser para la muerte.

Llevo en el corazón,

como un olear de sombras,

la soledad de todos los veneros.

El dolor metafísico

que corre por las vetas de la historia.

Ya lo dijo Manrique:

la vida es una lágrima

que va a morir al mar.

 

EL CAMPO DE BATALLA

 

Mis ojos te contemplan,

remota lejanía

de los años pretéritos,

desde el vago pretil de la memoria.

Insólita pantalla

donde sombras chinescas reproducen

la película absurda de mi vida.

Te miro con los ojos abismados

de la devastación.

Como el guerrero derrotado observa

en un atardecer sin pájaros,

el campo de batalla

donde la muerte yace

y el silencio.

 

EXCLUSIVA

 

Nada podrá jamás arrebatártelo.

Lo llevas adherido a la epidermis

del alma. Está en el código

genético de tus ensoñaciones .

Como una luz amniótica

que te preserva de la oscuridad.

La cédula de un mundo en exclusiva

hasta el instante mismo de la muerte.

El olor de tu madre.

 

AMARGA MIEL DEL SUEÑO

 

Pereces en el leve

acontecer furtivo de la luz,

lepidóptero triste que en la noche

del ser eres inflorescencia inútil.

Amarga miel del sueño.

Pábulo necesario

con que satisfacer,

en sacrificio humano,

el voraz apetito de la hidra

carnívora del tiempo.

Enloquecido río

que desde el hontanar de la intemperie

te precipitas como

sordo rumor oscuro

sobre el mar.

 

II. MALAS COMPAÑÍAS

 

EPIGRAMA FUNERARIO

 

La tarde escribe su epitafio

sobre la piel cerúlea del cielo.

Con su caligrafía

de nubes desgarradas deja impresas

las letras funerales

de una consumación.

Va cayendo la noche.

Y su lento caer es una lápida

de sombras sobre el mundo.

 

EL ESPEJO

 

A veces, al mirar tu rostro en el espejo

de forma repentina,

parece que esos ojos

remotos, desvelados,

que cruzan el azogue

con un escalofrío de piedad,

fueran los de un fantasma

que habitara las ruinas

de una antigua necrópolis. Los ojos

de un animal herido en los confines

de una selva pretérita.

Al contemplar tu rostro en el espejo

sabes que estás mirando

la verdad en ayunas:

el rostro sin cosméticos del alma.

 

MALAS COMPAÑÍAS

 

Cuando la muerte escupe

contra el rostro de alguien a quien amas,

algo de su veneno acaba salpicando

para siempre tu vida.

Desde ese instante el mundo se convierte

en una irreparable extravagancia,

el tiempo en un expolio,

en un perverso fraude la existencia.

 

AGUAFUERTE

 

En la quietud azul,

los pájaros lejanos.

Un frío silencioso

contra tu corazón.

La tarde, bruma al fondo,

como un paisaje antiguo.

Y una rosa de nieve,

la luna sobre el mar.

Frente a la sombra, tú, solo y oscuro.

Solo y oscuro tú, frente a la luz.

 

TANKA

 

A Leopoldo Hércules de Solás,

in memoriam.

 

Toma la rosa.

Estrújala sin miedo

contra la noche.

Y no cierres los ojos

cuando su luz estalle.

 

QUE ESTÁ BIEN ESCONDIDA

 

En la secreta fuente

-que está bien escondida- de tu pecho

fluye serenamente la utopía.

Es un agua tan clara

la que calma tu sed de trascendencia

que puedes fabular tu propio mito

con la materia espuria

que genera en la sombra la mentira.

Pagarás el engaño

que procreen tus miedos

con una dolorosa esclavitud:

la ciega servidumbre que debes tributar

a unos dioses apócrifos y crueles.

La ebriedad es un don

que no te ha de eximir de tu absoluta

vulnerabilidad.

 

DE LA FUGACIDAD

 

Los yunques y crisoles de tu alma,

¿trabajan para el polvo y para el viento?

ANTONIO MACHADO

 

 

El mundo que forjaste

en la fragua sencilla de los días

ha de morir

lo mismo que la luz

que expira para siempre

en los acantilados de la noche.

El mundo que era tuyo.

Los rostros de los seres que te amaron.

Los timbres de las voces.

que dijeron tu nombre.

Los colores insólitos,

las risas, los aromas.

La estructura carnal del universo

que tus ávidos ojos contemplaron.

Todo cuanto latía

en la jurisdicción sagrada de tu alma

irá descomponiéndose

con esa lentitud ociosa

con que se descomponen los cadáveres.

Hasta que nada quede

en el sepulcro anónimo del tiempo.

 

AGUA SIN GAS

 

En un brebaje estúpido

acaba convirtiéndose la vida

si no bebes de golpe

la milagrosa pócima

de su todo o su nada.

En un agua sin gas,

insípida y dañosa,

que no se han de beber

ni siquiera los perros.

 

DEJA DE DARLE VUELTAS

 

Deja de darle vueltas.

Tu suerte ya está echada.

No tienes más remedio que seguir

alzando el edificio de tu vida

con toscos materiales de derribo.

El mundo te administra mientras tanto

su dosis cotidiana

de pequeños placeres que anestesian

tu dolor de vivir para la muerte.

El dolor de morir para la nada.

Te gustaría ser un hombre bien distinto.

Quisieras, por ejemplo,

no ser sodomizado por la angustia

noche tras noche como una sombra indefensa.

Quisieras controlar quién entra y sale

en la inmunda taberna de tu espíritu.

Guardar algo de luz

para cuando la vida te jubile

y solamente seas un paisaje desértico

de bruma y soledad. Deja de darle vueltas.

A fin de cuentas no eres más que un hombre

que trata de cuadrar

los malditos balances del espíritu.

Un hombre amortajado

por la seda carnal de la miseria.

Ahórrate el suplicio innecesario

de flagelar tu espíritu

con especulaciones trascendentes

y simplemente vive.

El tiempo ya se encargará del resto.

No hay otra alternativa.

Bien lo sabes.

 

AXIOMA

 

A Isabel Amat

 

No hace falta expresarlo

con palabras oscuras,

con brillantes metáforas

o símiles extraños.

La vida es, simplemente, lo que ves

cuando cierras los ojos.

 

III. LA HERMOSA LUMBRE

 

EL DON

 

En derredor de mí crece la luz

como una inacabable enredadera

por los claustros del día.

Crece la luz, invade

la placenta del mundo.

Yo cruzo la extensión

luminosa del tiempo

con un zurrón de sombras.

Llevo impresa en los ojos

una cartografía de renuncias.

Y sin embargo siento

que esta luz es un don

que el azar misterioso me concede.

De su carnal inflorescencia brota

la invisible semilla de la vida.

 

MEDIANOCHE

 

Acabo de apagar

las luces de la casa.

He cerrado la puerta

y la llave del gas.

He tapado a los niños

con el cálido embozo y tiernamente

he besado su frente candorosa.

Mi mujer se ha dormido

sin apagar el flexo

con el libro entreabierto entre las sábanas.

Un espeso silencio se ha posado

como sombra sutil sobre la casa.

Feliz y desvelado

me he asomado al balcón

a contemplar la noche.

Puedo escuchar la música

lejana de la lluvia,

el murmullo del parque

con hojas amarillas en los charcos.

En el cielo otoñal

resplandece la nieve

redonda de la luna.

La transparente brisa

de la noche me trae

el ingrávido olor de los jazmines.

Me dejo penetrar

hasta la misma médula del alma.

La hermosa plenitud de este momento

que nunca más habrá de repetirse

me sorprende llorando

frente a la luz azul de las estrellas.

 

E N SON DE PAZ

 

Como llega el guerrero

después de atravesar los territorios

minados del ejército enemigo,

noche tras noche llego a la mañana,

tras cruzar del insomnio sus trincheras,

una vez y otra vez y eternamente,

aguardando la luz,

los pájaros,

tus ojos.

 

RECURSO DE DESAMPARO

 

Con las bridas ingenuas

de nuestras ilusiones

cabalgamos desnudos

sobre el lomo del tiempo encabritado.

A nuestro alrededor se desmoronan

los falsos decorados de la noche.

¿A qué patria, amor mío, pertenece

esta inhóspita tierra

que ha de dar sepultura a nuestros sueños?

¿Qué dioses velarán nuestra memoria?

 

LA HERMOSA LUMBRE

 

En el hondo silencio

de la noche palpita

el corazón del mundo.

Azul y genital como un misterio.

Y en el magma sanguíneo

que fluye incandescente por mis venas

fluye la eternidad.

La hermosa lumbre líquida del ser.

 

COMO UN HOMBRE CUALQUIERA

 

Al abrazar mi cuerpo,

ten presente

esta honda verdad:

que mi cuerpo es tan sólo

una efímera sombra en mitad de la sombra

sin límites del tiempo,

que en mi carne

jamás abrazarás la trascendencia

pues no existe misterio

en el cuerpo que es polvo

y sólo polvo.

No olvides, amor mío,

que no estoy en la carne que tremola

sino en la música de tu deseo.

 

CARNE

 

De aquello que abrazamos

en la asustada carne

sólo nos quedará

la dicha de haber sido

el alimento inútil de una llama

que la noche prendió

con su fulgor sin tiempo.

Los dioses, amor mío,

nos han dado la espalda.

Ninguna eternidad se nos concede

si no es este momento irrepetible

en que ardemos amándonos

bajo los astros ciegos.

 

UN FULGOR CEREAL

 

Con el azul del día,

lentamente,

un fulgor cereal

en el alma del hombre se aposenta.

Celeste trigo virgen.

Carnal espiga alzándose

sobre la vastedad del corazón.

Una oblea solar con que la vida

consagra el esplendor

del mundo en sus orígenes.

 

LO ABSOLUTO

 

Se desliga en silencio

la indescifrable luz de lo absoluto,

ese espacio anterior a todo enigma

que fluye entre tus ojos

y la revelación del infinito.

 

TIC TAC

 

En mitad de la noche,

cuando el mundo parece

concederse una tregua

salgo al jardín y miro

la hermosa lejanía. Todo duerme.

Oigo un rumor extraño.

Como un crujir de aire

en alguna remota latitud.

Agudizo el oído

y descubro asombrado

que ese oscuro jadeo imperceptible

resuena en mi interior.

Mi corazón es una

pequeña bomba de relojería

que ha de explotar de modo inesperado

una noche cualquiera.

Basta guardar silencio

para escuchar con toda nitidez

el terrible tictac del mecanismo.

 

IV. LIQUIDACIÓN DE EXISTENCIAS

BANCARROTA

 

En cualquier transacción del alma humana

la sombra se cotiza

lo mismo que la luz.

No hay moneda de cambio más valiosa

sin duda que la vida. Pero el hombre

se empeña en alterar

el orden natural del universo

y concibe mil modos

de usura camuflada

para contrarrestar la oscuridad

a la que sordamente

se siente destinado.

Los altos dividendos que aseguran

olimpos, sueños y mitologías

acaban por sumir el alma humana

en la más insufrible bancarrota.

 

UNA JARRA DE CERVEZA

 

Acodado en la barra

de la cafetería

veo caer la lluvia.

Oigo voces de hombres que discuten

por cosas que no entiendo.

La hermosa camarera,

una rubia delgada con vaqueros ceñidos

me sirve sin mirarme

la jarra de cerveza.

Estoy solo. Me acosan

el humo irrespirable

de tantos cigarrillos,

el ruido de las máquinas

tragaperras, la música estridente,

las imágenes mudas

de la televisión.

Me llevo hasta los labios la cerveza

mientras pienso en la vida

Y siento que es amarga.

 

MICROBIOLOGÍA

 

Como el microbio mísero dibuja

la órbita fugaz de su existencia

bajo la ciega noche,

así trazo tu nombre,

inútilmente,

en el tapiz del tiempo.

Absurdo y diminuto.

Mientras arde mi vida

en la amarga resina del amor.

 

CARTÓN PIEDRA

 

¿Qué ha de quedar, me digo, de este mundo

cuando miro mis manos

alzadas en la noche

atrapando la nada?

En la piel del silencio

veo surcos de niebla que conducen

a un abismo sin luz.

¿De quién voy a vengarme

cuando la muerte acabe, una por una,

con todas las criaturas

que habitan como yo en el paraíso

de falso cartón piedra

que es la vida?

 

LA LIBERTAD

 

Sé que la libertad no será nunca

una filosofía.

Ni siquiera un concepto metafísico

sobre el que debatir con legitimidad

mediante adverbios interrogativos.

Tampoco tiene sitio

entre los brazos de la ontología.

La libertad es el temblor telúrico

que nos sacude en cada encrucijada

a la que tiene acceso la consciencia

y nos hace elegir el monosílabo

del sí o del no –no valen medias tintas

en casos como éste-.

En esa exclamación

efímera se encierra, condensada,

la sutil realidad contradictoria

de la naturaleza de los hombres.

El destino está dentro de nosotros

y es nuestra libertad al elegir

la que nos hace libres

o esclavos del destino.

 

DIRECCIÓN NO ASISTIDA

 

La vida es un viaje

que puede resolverse en dos sentidos.

Cualquier camino puede

llevarte al paraíso o al infierno.

Desiertos, mares, bosques o barrancas

a pie, bajo la lluvia o el sol tórrido.

Cualquier camino puede

conducirte al relámpago más bello

o hacerte descender

a las terribles minas del espanto.

Un viaje en soledad

que debes recorrer

jornada tras jornada

sin mapa, sin atajos,

sin ruta alternativa.

Un viaje

en el que el tiempo corre

inexorablemente contra ti.

 

LIQUIDACIÓN DE EXISTENCIAS

 

Cada noche te asomas

al balcón de tu triste

derrota cotidiana.

Comercias con las sombras que te asedian.

Acabas por vender

tu vida como un saldo.

Y haces liquidación

de todos tus recuerdos.

Cada noche te vence pertinaz

la insufrible lujuria del cansancio.

 

IN EXTREMIS

 

Quién te iba a decir,

después de tanto tiempo

domesticando sombras,

que ibas a flaquear

como un pobre diablo

en el último instante,

dejarte seducir

por un profundo pánico,

exigir moratorias a la muerte

y suplicar la absolución de Dios

para ponerte en paz contigo mismo.

 

BAJO TIERRA

 

Bajo la tierra crece

como un bulbo la vida.

Tubérculo de luz.

Rizoma que alimenta

la esperanza del ser.

Sus raíces escarban

en el limo del tiempo

el manantial raquídeo de la sangre.

 

PARÁBOLA DEL HUÉSPED

 

Acaba de llegar

a la mísera casa de la orilla.

Desnudo y aterido. Al momento

se le ofrece la luz hospitalaria,

ropas con que cubrir su desamparo,

un pedazo de pan

y un buen vaso de vino.

El fuego arde lentamente. Todo

parece iluminado

por un fulgor bellísimo.

En los ojos de cuantos lo contemplan

advierte conmovido

las aguas bautismales del amor.

Extasiado por tantos

dones como le entregan,

el huésped, gentilmente,

concibe el paraíso.

Ignora que por todos los resquicios

de la casa se cuelan,

como insectos voraces,

las sombras de la noche.

Y es acaso probable

que no vea la luz de un nuevo amanecer.

 

V. ROSAS AMARILLAS

 

MOCIÓN DE CENSURA

 

Muchas veces escribo

como si vomitase

un vinagre de letras caducadas,

una amarga ponzoña

que me está envenenando

el corazón. Escribo

desenterrando huesos,

sacando a relucir los trapos sucios

que apilo en la trastienda

sin luz de la memoria

o proyectando en la pantalla blanca

del porvenir la espuria

linterna de mis sueños.

Y si hablo del presente me limito

a lugares comunes,

a tópicos gastados por el uso,

cultivo la imitatio

que prescriben los clásicos.

Cuando puedo copulo con la musa

de algún contemporáneo.

Quisiera escribir algo

sublime pero sólo

consigo adulterar la realidad

y defraudar las vanas esperanzas

de aquel niño inocente

que hoy ya me reconoce

como un vil impostor.

Como un canalla.

 

EL RETRATO

 

Oculto entre las hojas

de un libro de botánica,

un antiguo retrato en blanco y negro

de una mujer y un hombre,

recién casados, jóvenes.

En sus ojos brillaba

un resplandor de gozo compartido.

La foto está amarilla, tiene manchas

de humedad y es seguro

que sus protagonistas habrán muerto.

No sabría decir por qué guardé

la foto de esos dos desconocidos,

ni explicar la tristeza

que me invadió de pronto,

qué infinita piedad hacia mí mismo

esa tarde sentí.

Por quién dejé caer, sin darme cuenta,

una lágrima oscura.

 

LA NIEBLA

 

Como dos perros tristes, extraviados

por las calles absurdas

de una absurda ciudad,

cansados de bebernos

a sorbos la existencia

y de buscar el gozo en los inútiles

recodos del alcohol y de los versos,

al alba decidimos

regresar a la fonda

fatal de la cordura.

Las sábanas gemían

como sudarios mudos.

Por la ventana vimos,

desde la cama, el lento amanecer.

Hasta que al fin la niebla

anegó el dormitorio y nos dejó

dormidos a merced de la intemperie.

 

PATIO DE BUTACAS

 

Entramos en silencio y nos sentamos

en una de las filas del patio de butacas.

Terciopelo mostaza el decorado,

un ambiente de fuegos boreales

en la sala, y fluyendo sutilmente una música

de oboes, contrabajos y brisas oceánicas

desde los altavoces.

Las luces se apagaron y al instante,

tras un breve silencio introductorio,

comenzó la función. Reproducía

el drama argumental la deplorable historia

de un hombre sin historia

y una hermosa mujer intrascendente.

Compartían el tálamo y la náusea.

El miedo de ser libres.

Y la vida.

También intervenían en la trama.

oscuros personajes cuyos nombres

al momento olvidamos.

Hubo muertes, traiciones,

palabras, juramentos, desazón,

momentos de inquietud, algo de gozo.

Como era de esperar

la historia terminó de forma trágica.

Cayó el telón al fin. Dejamos la ficción.

Al salir a la calle respiramos

el aire de la noche.

La dicha de ser libres.

Y la vida.

 

LAS GAFAS

 

Las gafas se perdieron

una noche de invierno hace ya años.

Mi hijo se acostó sobre el sofá

al calor del brasero

y se quedó dormido como un ángel.

Yo lo tomé en mis brazos y lo acosté en su cama,

lo embocé con amor y con amor

besé su frente cálida. Tenía ocho años.

Buscamos por la casa durante varios días.

Lo revolvimos todo. Pero nunca

volvimos a saber de aquellas gafas.

Hasta esta tarde gris, después de tantos años,

en que han aparecido de repente

ocultas en la funda

de aquel sofá que hoy hemos desahuciado.

Es otra vez invierno y hace frío.

Estamos solos, mi mujer y yo,

en el nuevo sofá, viendo la tele

al calor del brasero.

Pero no soy capaz de mirar la pantalla

porque tengo los ojos fijos en el retrato

que hay encima de la televisión:

la foto de mi hijo el día de su boda.

Acaricio las gafas con amor infinito,

como si acariciara los recuerdos.

Y con cualquier excusa me levanto,

empiezo a deambular por los pasillos

y trato de espantarme a manotazos

las lágrimas, las sombras, la nostalgia.

 

EL ÁRBOL

 

Nunca supe su nombre.

Formaba parte del paisaje

al que pertenecí cuando fui niño.

Su tronco era rugoso y en su fronda

de grandes hojas verdes siempre había

un embrollo de pájaros inmenso.

Mi padre y yo solíamos

sentarnos a su sombra. Él fumaba sin prisa

y me contaba cosas del trabajo del campo

o lejanas historias de la guerra

que yo escuchaba con los ojos llenos

de brasas encendidas.
Un día se secó.

Las hojas se le fueron cayendo una tras otra.

El frondoso verdor

dio paso a la más triste palidez

y hasta los pájaros lo abandonaron.

Unos años más tarde

lo talaron con una motosierra,

lo partieron en trozos para echarlo a la lumbre

y cegaron con sal el oscuro tocón

que cubrieron con tierra para siempre.

Y yo sentí que aquella tarde fría

me habían mutilado los recuerdos.

Alguna vez intento rescatar

del olvido la estampa de aquel árbol,

la imagen de mi padre, su voz áspera,

sus lejanas historias de la guerra.

Pero sólo consigo convocar

con mi flauta de sombra

las escasas cenizas que perduran

de un vano reino desaparecido.

 

ROSAS AMARILLAS

 

Junto a la misma curva, en la cuneta,

a la sombra de un pino centenario,

he visto un breve túmulo

de rosas amarillas.

Ha sido una visión fugaz. Apenas

un instante. La tarde

lentamente expiraba y el ocaso,

como un ave rapaz,

arrastraba en sus garras el cadáver

escuálido del día.

Sobre el asfalto de la carretera,

inesperadamente, he contemplado

la reverberación naranja del sol último.

Una a una las sombras

fueron saliendo de sus madrigueras

hasta invadirlo todo.

Por el cristal celeste de la noche

resbalaba la luz helada de los astros.

No podía apartar del pensamiento

el túmulo de rosas amarillas.

Su triste anonimato

junto a la misma curva.

Un frío inexplicable

se me iba colando lentamente

por las grietas del alma.

Hasta que al fin

la vasta oscuridad

se cernió sobre mí como un sudario.

 

(Original:

Junto a la carretera un breve túmulo

de rosas amarillas reverbera

el resplandor oscuro de la tarde.

En sus garras de niebla traen las águilas

el fragor de una noche

que no me pertenece.

Lame la piedra triste la luz del primer astro.

Y no sé por quién lloro

cuando tomo la curva.)

 

LA PALOMA

 

Al pie de los rosales,

en medio del jardín

encontré la paloma desangrándose.

Era blanca y tenía

atrapada en sus ojos

la luz del horizonte.

La tomé entre mis manos con ternura

y sentí que el latido

de su cálido pecho

lentamente escapaba.

Tibio temblor la vida

que en mis dedos heló la muerte oscura.

Con la inútil pregunta

en su retina yerta,

sus ojos se quedaron para siempre

clavados en los míos.

 

HIGOS

 

Sobre la mesa he visto

esparcidos los higos

arrugados, maduros.

Me he quedado en silencio contemplándolos

como si contemplara

un remoto prodigo inexplicable.

Esa mínima fruta abandonada

sobre el mísero hule de la cocina era

una imagen doméstica y sencilla

que ofrecía a mi alma

el humilde esplendor de lo pequeño.

Alargué pudoroso

la mano y alcancé

la corteza del mundo.

La rugosa epidermis de la vida.

Y sentí al apretar

uno de aquellos higos

en mi mano febril

cómo latía en la pequeña fruta,

en su pulpa rojiza y temblorosa,

mi propio corazón.

El universo todo.

 

PAVANA PARA UN INFANTE DIFUNTO

 

Era un niño. Murió

una tarde lejana

de la que nada guardo

en mis evocaciones.

Recuerdo que tenía una expresión

permanente de júbilo y los ojos

anegados en luz.

Era un niño dichoso por los cuatro

costados cardinales de su alma.

Yo no pude salvarlo.

Lo maté administrándole

pequeñas dosis cotidianas

de sentido común.

Hoy de nada me sirve

dedicarle estos versos.

Ni las lágrimas tontas que he vertido

sobre la lápida que cubre su memoria.

Sé que nunca mi vida

ha de estar a la altura de su muerte.

 

 

 

 

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