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PIEDRA PRIMARIA

 

Un jurado presidido por Luis María Ansón y compuesto por Elvira Muñiz, Aurelio González Ovies, Francisco Álvarez Velasco y Pedro Luis Menéndez concedió por unanimidad a este poemario el Premio Internacional de Poesía “Ateneo Jovellanos” 2003 en su XIII edición.

**********

 

 

En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

LUIS DE GÓNGORA

 

Ordenar estos datos es tal vez poesía.

PEDRO GIMFERRER

 

Índice

1ª PARTE

HOMO ERECTUS

LA FOSA

WALKING AROUND REVERSE

PERROS

EXTENSIÓN CERO

LA MANZANA

PANORÁMICA

HISTORIA ABREVIADA DE LA HUMANIDAD

RECÓNDITA ARMONÍA

INSTANTÁNEA

TEMPLO SIN DIOSES

APUNTE

2ª PARTE

REGISTRO DE LA PROPIEDAD EXISTENCIAL

EL RASTRO DE YORIK

HIJO MÍO

LITOGRAMA

TODOS LOS DESTINOS SE LLAMAN ÍTACA

PREVISIÓN DE FUTURO

POEMA DEL DESASOSIEGO

INTERINIDAD

DIAGNÓSTICO

EL RETROVISOR

VISIÓN APOCALÍPTICA

3ª PARTE

DISCIPLINA

EXPOSICIÓN DE LOS HECHOS

LOS CUERVOS

VALS DE LAS ESTACIONES

LO DEMÁS

LA MÚSICA CALLADA

LOCUS AMOENUS

EJERCICIOS DE SUPERVIVENCIA

ODA PATÉTICA

POLVO ENAMORADO

EL POETA CONTEMPLA EL JARDÍN DE SENDEROS

PIEDRA PRIMARIA

 

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1ª PARTE

 

HOMO ERECTUS

 

Me alcé sobre las patas

traseras y mi voz

sonó como un chillido gutural

arañando el silencio inmóvil de la noche,

y supe que era dios –lo supe entonces-

quien habitaba en mí,

por eso levanté mi brazo

esgrimiendo en lo oscuro

el infinito sílex de mi angustia.

 

LA FOSA

 

Aquel que haya mirado

cara a cara una fosa no podrá

volver a contemplar sin inquietud

su rostro en el espejo.

Tendrá la sensación de que le sigue

a todas partes algo

frío, como una lengua invisible, la sombra

de un sueño mineral.

Quien ha mirado el fondo

terrible de una fosa

jamás regresará a su consciencia indemne.

La vida le concederá ese día

un acceso directo a la tristeza,

pues todo cuanto avisten sus ojos desde entonces

en esencia ha de ser

una reproducción facsímil de la muerte.

 

Una iconografía del dolor.

 

WALKING AROUND REVERSE

Sucede que me canso de ser hombre

PABLO NERUDA

 

Un hombre solitario

bajo el silencio cóncavo del tiempo.

Suenan sus pasos sordos

en la infinita noche

como golpes de lluvia sobre el mar.

Como un destino oscuro

que de pronto revela su estrategia.

No hay voz para nombrar su desamparo.

Para dejar constancia aquí de su extravío.

 

PERROS

 

I

La vida: sólo perros

y perros que debajo de la lluvia

merodean sin rumbo por las calles desiertas,

mastican soledad

o persiguen la bruma de un sueño indescifrable.

Nada más doloroso que esos perros absurdos

ladrando sin cesar

bajo la lluvia insomne de los días.

 

II

 

¿Por qué ladran los perros

en mitad de la noche?

¿Qué invisible presencia los asusta?

En el cielo infinito

palpitan las hermosas luminarias

y una brisa apacible

recorre los jardines en silencio.

¿Quiénes son esos perros furibundos?

¿Qué miedo los impulsa

a ladrar y ladrar contra las sombras?

 

EXTENSIÓN CERO

 

Desde un fondo sin luz

como un abismo

donde a veces cabalgan

los jinetes en sombra de mis dudas.

Desde la honda zanja

que el paso de los días va cavando

en las estribaciones de mis ojos.

Desde un paisaje oscuro,

coronado por montes de ceniza.

Desde un vasto silencio sin palabras.

Desde las altas torres de la noche

que lentamente cae sobre el mundo.

 

Bajo el paso febril de las alondras

efímeras del tiempo.

 

LA MANZANA

 

La manzana quedó sobre la mesa.

Era roja y hermosa como un sueño.

Exhalaba un aroma fresquísimo de bosque

que embalsamaba el aire

de aquella habitación que daba al mar.

En su forma perfecta

podía resumirse el mundo todo.

Un silencio de seda acariciada

se posaba en su piel y temblaba la vida

en la pulpa jugosa de su carne.

Pasó el tiempo. Volvimos

el verano siguiente. Los gusanos

habían devorado la manzana.

Sobre la pobre mesa sólo había

una sombra de polvo,

un olor de humedad y de maderas viejas.

Tampoco había rastro de gusanos.

 

PANORÁMICA

 

Desde lo alto del monte se divisa

el espléndido valle

donde los hombres moran.

Las cabañas con humo, las laderas, los bosques,

el río plateado entre los árboles.

Todos ellos parecen insectos diminutos

bajo el palio morado de los astros.

No es posible escuchar desde esta latitud

su canto o su plegaria.

A veces se congregan en la costa

y encienden las hogueras

o suben a las naves.

Esas naves brumosas

que en silencio se adentran en el mar

y que nunca regresan.

 

HISTORIA ABREVIADA DE LA HUMANIDAD

 

Sobre el tablero están

dispuestos los ejércitos.

La torre y el alfil,

el peón y el caballo,

la dama con su corte

en orden de batalla departiendo.

Sólo el rey permanece silencioso.

De nada le valdrán su porte noble,

su cetro, su corona, su altivez,

pues todos están prestos a matarlo

para heredar el trono y comenzar

otra vez otra guerra en otra parte.

 

RECÓNDITA ARMONÍA

 

La belleza no entiende los preceptos

que los hombres consignan

en sus mundanas tablas de la ley.

Es esquiva, mutante y seductora.

Una diosa terrible

o una ninfa sin rostro

que acaba convirtiéndose

en la sombra de un sueño inalcanzable.

No hay forma de apresarla.

Lo mismo nos alumbra que nos ciega.

En ella la verdad es aura transitoria

que perdura en el aire, apenas leve,

como el brillo huidizo de una estrella lejana.

Esa hermosa utopía que a veces nos redime

de la indigna tarea de ser hombres.

 

INSTANTÁNEA

 

Pasaba por allí justo en aquel momento.

La providencia quiso que la cámara

dejara accidental constancia de ese hombre

cuya fisonomía

apenas se distingue de las sombras

borrosas que hay al fondo de la estampa.

Un hombre que podría ser cualquiera

de los muchos que pasan por la calle.

Anónimo y fugaz. Intrascendente.

Un hombre para siempre detenido

en un tiempo de nadie.

Como un sueño.


TEMPLO SIN DIOSES

 

A César Simón, in memoriam

 

Sobre la gris colina

lo que queda del templo se levanta

hacia el árido cielo.

Por los muros caídos

trepan enredaderas de flores diminutas

y cruzan por el atrio reptiles y moluscos.

Cuando la lluvia cae

sobre las tristes piedras desgastadas

por la lengua viscosa de los años

y el viento hace sonar

su flauta funeral entre la fronda

espesa del silencio

parece que los dioses

golpean el tambor de su ciega sentencia

en medio de la paz

de este paraje inhóspito.

Y el caminante corre a refugiarse

con un temblor extraño

ante lo incomprensible.

Lo mismo que los hombres que habitaban

hace siglos el valle.

 

APUNTE

 

Como esos simples pájaros

que cruzan indolentes

el bosque azul del aire,

que se dejan llevar

por el vaivén gozoso de la luz,

que ignoran el porqué

y no saben el cuándo.

 

2ª PARTE

 

REGISTRO DE LA PROPIEDAD EXISTENCIAL

 

Con el paso furtivo de los años,

la vida acaba siendo

una confiscación en toda regla

de cada una de tus posesiones.

El tiempo decomisa

lentamente tus bienes,

con esa languidez apenas perceptible

con que desaparece la claridad del día.

Aquello que creías arraigado

en la jurisdicción sagrada de tu infancia,

el tesoro escondido

en la isla más remota de tu espíritu,

todo lo que conforma el historial

sin brillo con tu nombre,

es víctima propicia

del expolio implacable de la decrepitud.

No cabe registrar, pues, la existencia

sino en las oficinas translúcidas del aire.

Allí donde la nada

apacienta su turba de gusanos.

 

EL RASTRO DE YORIK

 

A veces te examina la existencia.

Te mira desde el fondo

de los ojos vacíos de la historia.

Desde el ciego latido del espejo

donde adviertes desnudo,

como Hamlet,

tu triste calavera sin metáforas.

HIJO MÍO

 

Y si al cabo la vida se te brinda

como un nítido sol que entre lo obscuro

fosforece y se extingue, sé feliz.

No cedas al engaño tenaz de la locura

que en la sombra diseña su estrategia.

Entrégate a la luz de cada instante

pues todo para ti fue concebido:

la flor de los naranjos, el rumor de la fuente,

el vino, las celindas de unos ojos que miran

tu rostro con amor

y el silencio del aire que te habla

desde la eternidad en la que existes.

 

LITOGRAMA

 

Aquí yacen los restos

de un hombre como tú.

El nombre poco importa.

Un hombre que vivió

de acuerdo con las normas de su época,

cumplió con sus deberes, tuvo hijos,

celebró sacrificios a sus dioses

y soñó, igual que tú, con la inmortalidad.

Advierte, viajero, cuán parva es la existencia,

y en qué termina todo

cuando llegas al cabo del camino.

Descansa, pues, y siéntate

bajo la grata sombra de algún árbol.

Mira el cielo, las nubes, los pájaros que pasan,

la caricia del aire entre las mieses.

Disfruta de esta intensa placidez.

De este breve fulgor de eternidad

que la vida te ofrece.

Así. Como un milagro.


TODOS LOS DESTINOS SE LLAMAN ÍTACA

 

Nunca le des la espalda a tu destino,

ni abandones la senda

que te marcan los astros.

Detrás de cada esquina azul del horizonte,

un viento nuevo se alza y te señala

la ruta en alta mar.

No escuches las sirenas perversas, cuyo canto

te convoca a una muerte sin prodigio.

Más allá de ese sol

que deslumbra tus ojos en cada amanecer,

tu recompensa aguarda: una hermosa

ensenada de luz donde atracar

tu amor, la fuerza ciega que te hace persistir

y eludir cada noche la locura.

 

PREVISIÓN DE FUTURO

 

Cuando vas por la calle. Tal vez mientras escribes.

Un día de verano con mucho sol. Quizás

una tarde lluviosa de un invierno plomizo.

Sucederá. Y entonces

te verás obligado a devolver

la hermosa luz amniótica

que se te concedió aquel siete de agosto

y volver a la nada de la que formas parte

y sin la cual careces de sentido.

El mundo seguirá desmoronándose

ladrillo tras ladrillo y sombra a sombra.

Hasta que ya no quede ni una estrella

en la cosmogonía del silencio.

 

POEMA DEL DESASOSIEGO

 

No te hagas ilusiones.

Al mundo le resulta indiferente

aquello en que te afanas cada día

con la tenacidad

lunática de los desposeídos.

A nadie le interesa

lo que dejes de hacer o lo que hagas

con tu mezquina vida.

Nadie te ayudará a cruzar la calle

cuando te quedes ciego

de tanto contemplar

la telaraña azul de las estrellas.

Nadie levantará el dedo meñique

para pedir clemencia

por ti cuando te vaya a ejecutar

el negro pelotón de la injusticia.

No trates de engañarte por más tiempo.

Estás solo.

Entre otros hombres solos.

 

Es una estupidez darle más vueltas.

 

 

INTERINIDAD

mientras el tiempo diga todavía

MARIO BENEDETTI

 

Si todo se reduce a este momento

fugaz e irrepetible en el que existes

sin ayer ni mañana,

tampoco importa tanto,

pues todo, a fin de cuentas,

es pábulo del tiempo, y lo sabemos.

El antes y el después son solamente

ficciones que inventamos

para justificar la realidad

de un mundo inaccesible y aparente:

la historia sin nosotros

que nadie ha de escribir.

Sentimos el ahora como un fuego invisible

ardiendo en nuestra carne,

y entendemos que en ello

el milagro reside. Es suficiente

dejarse poseer por la belleza

y gozar de esta luz

que alienta en nuestro ser

mientras el tiempo diga todavía.

 

DIAGNÓSTICO

 

No hay desesperación

en tus ojos oscuros.

Tampoco la insolencia

de exigirle a la vida cada noche

lo que no podrá darte

por más que se lo pidas de rodillas.

Ni siquiera el deseo

de traspasar los límites

que la razón impone a tu locura.

Lo que guardan tus ojos

sólo es la aceptación de una verdad:

la serena certeza de que el mundo

no precisa de ti.

Así lo has entendido.

Y por ello agradeces en silencio

-tus ojos te delatan-

la hermosa recompensa de la luz

que te ofrece el azar y acaso no merezcas.

 

EL RETROVISOR

 

Mientras muere la tarde

avanzas en silencio

por una carretera solitaria.

En el cuentakilómetros

se amontonan sin orden los minutos

que llevas conduciendo sin parar,

desesperado y triste,

como un hombre que huye

acaso de sí mismo.

Tu sombra se abre paso entre la sombra.

Ciudades, bosques, gentes

que te dicen adiós desde cualquier

recodo inesperado de la noche.

Por el retrovisor

los contemplas perderse en la distancia

hasta que al fin la sorda opacidad

de la negrura acaba devorándolos.

En el cielo la luna es una lágrima

que de lo oscuro cae.

 

 

No se te olvide nunca que la vida

es un producto extraño fabricado

en los laboratorios del azar,

que tú eres solamente el envoltorio

de un complejo entramado de sustancias

químicas que responden

a primarios estímulos,

que se te impone código de barras,

que tu valor depende del mercado.

Y, sobre todo, nunca se te olvide

que tienes fecha de caducidad.

 

VISIÓN APOCALÍPTICA

 

Abre los ojos. Todo lo que ves

te pertenece por completo. Eres

aquel por quien la luz

reparte su baraja de relámpagos.

Los márgenes de la imaginación

son confines espurios

que el tiempo desordena

en la cartografía de la muerte.

Tuya es la luz.

El esplendor apócrifo del mundo.

Todo dependerá

de tu capacidad para el asombro.

Pero recuerda bien:

no ha de quedar impune tu mirada.

El precio que tus ojos

han de satisfacer por la inmortalidad

es la ceguera.

 

3ª PARTE

 

DISCIPLINA

 

Detrás de la ventana se oyen gritos,

detonaciones, llantos,

la voz desesperada de una madre,

el fragor insufrible

del hombre batallando con la historia.

Y yo, en esta oscura habitación,

contando endecasílabos.

 

EXPOSICIÓN DE LOS HECHOS

 

La tarde que transcurre lentamente,

el olor del azahar, el cielo azul,

los pájaros que pasan

y alegres picotean el silencio,

las montañas lejanas, los árboles frondosos,

el amor de mi esposa,

la inocente ternura de mis hijos

y la muerte mirándome a los ojos.

 

LOS CUERVOS

 

Vuelven los cuervos ávidos del tiempo.

Vuelven siempre.

Con vocación de muerte.

Permanece en el aire una estela de sombra

por donde intento apenas rescatar la cordura.

¿Desde qué latitud de mi naturaleza

regresan esas aves silenciosas?

¿Qué parte de mi vida

está muriendo en este mismo instante

y es materia del viento,

vivencia o sueño dándose a la nada,

sedimento carnal adonde acuden

tan fieles mercenarios de la depredación?

 

VALS DE LAS ESTACIONES

 

Es otoño. Lo sé.

No ignoro que los pájaros

volaron hacia el sur

llevándose la luz entre sus plumas.

A menudo la lluvia

golpea las ventanas de mi casa

o las hojas arrastra de los álamos

el viento que no cesa.

Vendrá el invierno frío con sus lámparas sucias

y sus tardes de plomo derritiéndose.

Y el insomne silencio de la nieve

golpeará otra vez mis noches y otra vez

por el aire sin sombra de mi pecho

volverán las oscuras golondrinas.

 

LO DEMÁS

 

En tus ojos fulgura

con su líquida luz

el porquesí del mundo,

la claridad irguiendo su relámpago,

el agua milagrosa

que repara mi sed

y legitima toda mi existencia.

Lo demás es desorden, amor mío,

el abismo terrible.

La intemperie.

 

LA MÚSICA CALLADA

 

La tarde languidece frente al mar

con suave mansedumbre,

deshoja su tristeza lentamente

en las altas palmeras,

en el rosa lejano que fusiona

los límites del agua con el cielo.

Perdura en la mirada

un vuelo de gaviotas,

un vago tremolar de blancas nubes

que pasan hacia el sur.

Nada sucede. Nada

perturba el orden íntimo del mundo.

Puedo morir y sin embargo siento

que todo forma parte

de una misma estructura misteriosa.

Este hondo temblor,

mi soledad, la música callada

de las altas estrellas.

La belleza fluyendo como un río de luz.

Acaso son el último pretexto

de la inmortalidad.

 

LOCUS AMOENUS

 

Aquí la luz reside.

En este viejo parque con palomas

el sonido del agua desordena

el espeso silencio de la tarde.

Se agrupan los gorriones

sobre el tapiz espléndido del césped

Sentado en este banco solitario

miro sin prisa el cielo que cobija

la dulce mansedumbre que me envuelve,

los álamos que afirman su estatura

contra el cristal del aire,

la fuente clara, el hueco de mi sombra.

Aquí, sin duda, el tiempo

parece detenerse, y el lenguaje del mundo

sisea en la clepsidra de la fuente

como la voz antigua de un oráculo.

Y no puedo evitar

la rara sensación de que una luz altísima

alumbra para mí tanta belleza.

 

Una luz que está en mí y me sobrevive.

 

EJERCICIOS DE SUPERVIVENCIA

 

No sé muy bien qué busco al escribir

este poema. Quiero

pensar que en esta frívola tarea

hay algo de verdad,

que es un acto de fe

de un hombre que almacena pesadillas

en los lóbregos sótanos del alma.

Tampoco sé muy bien si existe algún destinatario,

si hay alguien que me escucha

al otro lado del silencio.

Del mismo modo ignoro si coincide mi nombre

con el del remitente,

si no soy un trasunto de mí mismo,

una insensata sombra

haciendo pirotecnia de palabras

contra el cielo vacío de la tarde.


ODA PATÉTICA

 

Puede que sea cosa de la edad.

Empiezo a ver la vida del revés,

desde esa perspectiva que me otorga

estar al otro lado de la línea

divisoria del tiempo,

la bisectriz a cuya umbría

se dobla en dos mitades la existencia.

Y todas mis sospechas juveniles

se vuelven certidumbres axiomáticas:

la vanidad me sigue inoculando

su ponzoña diaria,

la belleza me niega

sistemáticamente su limosna,

la soledad humilla mi conciencia

de bestia acorralada contra el tiempo.

Y la bárbara muerte me sonríe,

paciente y despiadada,

en todas las esquinas de la noche.

 

POLVO ENAMORADO

 

Como Quevedo entiendo que la vida

es una extraña muerte cotidiana

que lame con lascivia

las heridas del alma y de la carne.

¿Qué queda del latido, de cuanto oprime el pecho

en las hondas arterias de la tierra?

¿Cómo certificar que todo expira

en la hoguera del aire, en el silencio

que sucede a ese inútil relámpago del ser?

¿Y cómo conocer si en esa sombra

en la que al fin reposa la existencia

queda algo de amor, de la llama que ardía,

o es la nada terrible lo que envuelve,

como un sudario frío,

el polvo sin amor, la vil materia?

 

EL POETA CONTEMPLA EL JARDÍN DE SENDEROS

 

En cada encrucijada de mi vida

alguien que pude ser se desvanece.

Un rostro conocido, siempre el mismo,

me dice adiós desde la lejanía.

El niño que jamás abandonó la infancia,

el músico que amaba las mil modulaciones del silencio,

el místico, cargado de locura,

el joven futbolista malogrado,

el campesino pobre que sentía

germinar en su pecho las simientes,

el hombre que soñaba con el mar,

el que miraba embelesado las estrellas.

En cada encrucijada de mi vida

otros seres remotos que nunca existirán

me miran con nostalgia.

Como miran los muertos lo insondable.

Con los ojos quemados

por la fría sequía de la nada.

 

PIEDRA PRIMARIA

 

¿Dónde está la verdad?

¿Desde qué falso templo se levanta

su voz como un inmemorial ofidio?

La verdad de qué hombre,

de qué pueblo arrasado,

la verdad de qué dios, de qué especie animal.

En qué estrella perdida,

enterrada en la ciénaga

infinita del tiempo.

 

 

 

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