CONFESIONES DE UN SAURIO
Un jurado compuesto por Ángel Luis Prieto de Paula, Bienvenido Guillén Herrero y Juan Gómez Capuz concedió a este libro el XI Premio de Poesía "Francisco Mollá" del Ayuntamiento de Petrer, Alicante, el año 2004.
**********
1. HOJA DE SERVICIOS
LA COCINA
SONAMBULISMO CRÓNICO
LA TAPIA
EL RÍO
NIGHT CLUB
LA MORERA
HEPATITIS
ET IN ARCADIA EGO
2. COLECCIÓN PARTICULAR
PUGILATO
EL CIERVO
MÚSICA PASTORAL
BODEGÓN
LA LOMBRIZ
PALEONTOLOGÍA
LA VIDA
LA MUERTE
3. SE ADMITEN SUGERENCIAS
POIESIS
AGENDA
CORDEROS
FISIOLOGÍA HUMANA
ELEGÍA
LOS FANTASMAS
JUICIO FINAL
EL ANILLO
4. LATITUD CERO
CONFESIONES DE UN SAURIO
DE LA CAUSALIDAD
CIENCIAS NATURALES
ESCENA FAMILIAR
HILO MUSICAL
ANTÓNIMOS COMPLEMENTARIOS
RENOIR
LATITUD CERO
**********
1. HOJA DE SERVICIOS
Pasas tú, sombra eterna,
con un dedo en los labios.
LUIS CERNUDA
LA COCINA
Hervía en la cocina
la olla de escarola.
Mi madre trajinaba sin descanso
por la casa. Fregaba las sartenes,
cosía calcetines y cantaba,
enhebrando la luz con su ternura.
En sus ojos el mundo
era un claro remanso de alegría.
Mi abuela dormitaba murmurando
en la mesa camilla con brasero
su eterno avemaría de santos y difuntos.
Mi hermana dispersaba por el suelo
una locomotora de lápices alpino,
o reía jugando con alguna muñeca
que no tenía brazos.
En el corral, mi padre, por culpa de los Celtas,
blasfemaba y tosía
ordeñando las vacas.
Yo aprendía los nombres
de los ríos más célebres de Europa,
la fórmula de hallar la hipotenusa,
traducía La Guerra de las Galias
o leía a Roberto Alcázar y Pedrín.
Más allá de las cuatro paredes de mi casa
siempre estaba lloviendo.
Una lluvia furiosa que azotaba
la tierra con su látigo
de lágrimas sin rumbo.
La vida estaba allí, latiendo lentamente,
como un bulbo escondido en la espesura
plomiza del invierno.
Entonces yo ignoraba que la lluvia termina
por llevárselo todo,
que el agua funeral del tiempo arrastra
en su loca corriente sin destino
aquello que fue nuestro alguna vez.
Pero ha llovido mucho desde entonces.
Ahora soy ese hombre silencioso
que escribe casi a oscuras
este triste poema intrascendente.
Escribo aun a sabiendas de que sigue
lloviendo más allá
de las cuatro paredes de mi alma
cada vez con más fuerza,
y de que no es posible
perpetuar la memoria de la patria perdida.
Supongo que deseo rescatar del olvido,
aunque sea tan sólo en estos versos,
Gallia est omnis divisa in partes tres,
las largas letanías de mi abuela
entre el sordo runrún de los pucheros,
las voces de mi padre, el olor de las vacas,
la risa de mi hermana y su muñeca sin brazos,
el dulcísimo rostro de mi madre,
el amargo sabor de la escarola.
SONAMBULISMO CRÓNICO
De pequeño soñaba con indios y vaqueros,
con caballos alados y princesas
que tenían el rostro de mi madre.
Cuando iba al instituto
soñaba con las piernas
de aquella profesora
que leía poemas de Verlaine
con sus labios pequeños, gordezuelos
y rojos como fresas.
Más tarde, en el ejército me daba
por soñar con blanquísimas palomas.
Desde hace cierto tiempo he decidido
de manera inconsciente
ampliar el horizonte de mis sueños.
El trabajo, la casa, la familia,
los temas financieros, la salud,
las guerras o las multas
por mal aparcamiento, por ejemplo,
suelen ser personajes ordinarios
en mis enmarañadas fantasías
oníricas. Yo creo que conspiran
y traman un complot. No me dejan dormir
la mitad de las noches.
Muchas veces me quedo con la mente perdida
en un limbo de sombras.
Y cuando me levanto,
entumecido y triste, al despuntar el alba,
es como si volviera de un exilio
secreto al que de un modo inexplicable
me siento condenado.
Y me da por soñar con los ojos abiertos.
LA TAPIA
Contra la blanca tapia de la casa
aquella tarde el sol
lamía con su luz las buganvillas.
En la radio sonaba
una música dulce de verano
y flotaba en el aire
el olor de la albahaca.
Un mirlo atravesó frente a mis ojos
el cielo azul.
Recuerdo
aquel momento breve de mi vida
con una nitidez extraordinaria.
De repente sentí que la belleza
me ofrecía desnuda su esplendor,
que la razón del mundo
me estaba siendo revelada
con toda intensidad.
Luego, vino la noche
y supe con tristeza que la vida
de los hombres no admite
pasaporte de luz al infinito.
Recuerdo aquella tapia con nostalgia,
el sol, las buganvillas,
el olor de la albahaca, la música y el mirlo.
Todo lo que perdí
aquella extraña tarde para siempre.
EL RÍO
Bajábamos al río cogidos de la mano
por aquellos caminos
de algarrobos, almendros y ciruelos
con la dicha más honda
ardiendo en nuestro pecho adolescente.
El verano era entonces
un remanso de luz interminable
y el mundo parecía
haber sido creado sólo para nosotros.
En la dura corteza
de un árbol escribimos
a punta de cuchillo nuestros nombres
dentro de un corazón.
Aquel tiempo pasó sin darnos cuenta.
No volvimos a vernos nunca más.
La vida fue después
un extraño correr hacia el invierno frío.
Y los años se fueron sucediendo
vertiginosamente.
Ya no soy aquel joven
que nadaba en el río y que soñaba
mirando las estrellas al decir
sus primeras palabras encendidas de amor.
Ya nada sé de aquella muchacha a la que quise
como a nada en el mundo.
He olvidado su nombre
y el timbre de su voz.
Tampoco soy capaz de recordar su rostro.
NIGHT CLUB
Detuve el automóvil
junto a la carretera
para admirar las brasas del crepúsculo
que la tarde incendiaban.
Una rosa de fuego desangrándose
era lo que veían
asombrados mis ojos.
Una rosa de fuego
del tamaño del mundo.
El silencio sin márgenes
que perforaba mi alma
igual que un bisturí de gozo súbito
debía de tener un origen oculto.
La voz inmemorial
de un dios remoto y poderoso
me hablaba desde la profundidad
de aquel fulgor bellísimo.
De pronto se encendieron,
al pie de la montaña,
las luces de neón
de un edificio en ruinas.
El jardín del edén
leí con estupor y sólo entonces
advertí que la noche
me cercaba con toda su crudeza.
El resto del viaje fue la huida
de un hombre perseguido por las sombras.
LA MORERA
Era un árbol espléndido. Se erguía
frente al número dos de aquella plaza
de tierra y adoquines. Mi niñez
le debe la inocencia
de los primeros años. A su sombra
jugué con otros niños y aprendí
las más elementales reglas de la existencia.
Trepé por su nudoso tronco. En lo más alto
de sus ramas sentí por vez primera el vértigo
de la felicidad.
De su carne comí la fruta roja
y trencé con sus hojas coronas y guirnaldas.
Hoy he vuelto al lugar, después de muchos años,
con la intensa emoción de quien regresa
a un secreto santuario.
Desconcertado, he visto que nada subsistía
de aquella hermosa plaza de mi infancia.
Una losa de asfalto cubría la morera.
Escuálidas farolas velaban un paisaje
aséptico de coches aparcados,
y gente apresurada.
Volaban por el cielo
como entonces los pájaros, y el aire,
bajo la luz cansada del crepúsculo,
por la plaza arrastraba su infinita orfandad.
Me sorprendió la noche,
como un triste mendigo
escarbando en el mísero polvo de los recuerdos.
Abandoné el lugar con la impresión
de estar pisoteando los escombros
de un cementerio en ruinas.
HEPATITIS
Jamás pude olvidar
el rostro de mi amigo
dentro de aquella caja
de pino barnizado y el olor
de tantas flores muertas a su lado.
El color mineral
de sus ojos abiertos
mirando inútilmente el infinito.
La palidez terrible
de su fisonomía.
Su mueca de estupor petrificado
a la luz macilenta de los cirios.
El invierno azotaba las ventanas
con su fusta de truenos.
La lluvia parecía inacabable.
Y el frío se colaba
por todos los resquicios
de aquella extraña noche
lejana de mi infancia.
Era yo muy pequeño.
Tenia nueve años
casi recién cumplidos.
Ignoraba
que aquella sensación de escalofrío
ya nunca me abandonaría.
ET IN ARCADIA EGO
Por estas mismas calles
anduve recorriendo feliz el paraíso,
la arcádica belleza de la infancia,
y tuve entre mis manos el misterio
disolviéndose azul como un milagro.
Por estas mismas calles
donde ahora la vida
hacia ninguna parte se me lleva.
2. COLECCIÓN PARTICULAR
Vuelvo el rostro: no soy sino la estela
de mí mismo…
OCTAVIO PAZ
PUGILATO
Constantemente tiene
cansada la expresión, los ojos rojos
de llorar a escondidas. Es un hombre
que a veces tiene miedo,
que quisiera romper
el cercado maldito que lo envuelve
como una nube tóxica.
Cuando la noche vierte sobre él
la linaza eucarística del miedo
este hombre sencillo
con un hondo temblor cierra los puños,
se enjuaga el desaliento
y lucha cuerpo a cuerpo con la vida.
EL CIERVO
La tarde se me escapa
igual que un ciervo herido. Va dejando
una estela de sangre que mis ojos
humillados persiguen.
Es inútil tratar de contener
la hemorragia terrible de la tarde,
la muerte de ese ciervo
detrás del horizonte.
El crepúsculo incendia
los últimos zarzales de la luz
en una hoguera azul definitiva
y al fin cae la noche
como una oscura lápida.
El silencio coagula entre las sombras.
Estremecido, escucho
cómo en mi corazón
los lobos despedazan la carroña.
MÚSICA PASTORAL
A Andrés García Ibáñez,
pintor de Olula del Río.
Que trata de una oveja descarriada
cansada de pacer
la hierba secular de la rutina,
de seguir al rebaño
por la senda monótona del tedio
y de mirar los astros o las nubes
asumiendo en silencio su destino.
Cansada de acatar
las órdenes absurdas del pastor
y de entonar bajo la noche
oscura de los tiempos
el dulce lamentar de la mediocridad.
Que trata de una oveja
que, de pronto, quebranta el reglamento,
decide desertar de la manada
y adentrarse en el bosque misterioso
donde moran los lobos y las sierpes,
y las simas arcanas y los dioses lascivos.
Y el pecado sacrílego
de gozar la más pura libertad.
BODEGÓN
La mano que pintó
esas manzanas rojas,
ese dulce racimo o ese trozo de pan,
¿qué quiso reflejar sobre el vencido lienzo?
El color o la forma ¿de qué sueño soñado
en otra realidad imaginaria?
Entelequia o verdad es acaso lo mismo:
lo que traza el misterio
en el extraño álbum de la mente.
Entre el abatimiento y el fervor,
el pensamiento se debate y urde
su plan de trascendencia
para sobrevivir al desamparo.
¿Qué carcoma devora tras el lienzo
las manzanas, la blanca
levadura del pan, las verdes uvas,
la mano del pintor y tras la mano
la esperanza
de qué inmortalidad?
LA LOMBRIZ
Sobre la tierra húmeda se arrastra
como una sombra oscura. Desconoce
su punto de partida,
la dimensión exacta de su ser,
por qué el azar perpetra el sabotaje
perpetuo de un destino
que nunca se proclama.
Su cuerpo a ras de tierra
se ha de fundir un día con la tierra.
Metódica y tenaz,
como quien cava un agujero negro
en las estribaciones de la nada,
la lombriz silenciosa
trepana lentamente
su destino de barro sin destino.
PALEONTOLOGÍA
Durante muchos siglos
dominaron la tierra
y las aguas y el aire.
Fueron dueños del mundo.
Terribles, insaciables, violentos.
La historia se pregunta todavía
a qué extraño fenómeno se debe
su desaparición,
pues de ellos tan sólo
hoy queda la leyenda.
Su recuerdo no es más
que polvo sobre polvo.
Como si nunca hubieran existido.
LA VIDA
Es una mala perra que mastica
los huesos de mi alma.
Yo la veo pasar todas las tardes.
No sé de dónde viene ni hacia dónde se va.
Entre sus dientes sucios siempre lleva
algún trozo de mí.
Y lo que va dejando es un reguero
de excrementos de sombra.
LA MUERTE
A la sombra de un olmo,
junto a la carretera que bordea la costa.
Sentada en la terraza de una cafetería.
De pie, bajo la luz amarilla y escasa
de una farola anónima.
En cualquier estación
de cualquier gran ciudad.
Ella me está esperando
con los brazos abiertos.
Como una amante ciega.
3. SE ADMITEN SUGERENCIAS
Voy a firmar aquí contra el espanto
JUAN GELMAN
POIESIS
Muchas veces escribo
como escribe el calígrafo
las letras de un tratado secreto y misterioso.
O el celoso copista que transcribe
escrupulosamente
los signos de un extraño jeroglífico.
Pero muchas más veces
cuando escribo lo hago
con sangre, con saliva o con esperma.
Me puede la pasión. El dolorido
sentir de Garcilaso.
Abro el cuaderno de mi vida y trazo
garabatos de sombra.
Al escribir
gotea el corazón por los renglones,
destrozo a dentelladas la celulosa virgen
o beso con amor su cutis blanco
y eyaculo palabras insolentes
que llevan la semilla de mi angustia más íntima.
Escribo con la fiebre del que ignora
qué puede suceder
tras el último verso.
AGENDA
Tengo la agenda llena de teléfonos,
de nombres de odontólogos,
de citas y más citas,
de títulos de libros,
entrevistas, proyectos y cenas de negocios.
No sé cómo hacer hueco
con tanto compromiso a mi familia.
Confío en que mi esposa me comprenda
y que mis hijos no se hayan dormido
cuando llegue a las tantas
para darles un beso.
CORDEROS
Debe de ser por culpa del café,
por una sobrecarga de trabajo
o por problemas cardiovasculares.
El caso es que las noches
las paso siempre en vela,
sin dejar de contar
corderos y corderos y corderos.
Hasta que llega el alba y me rescata
de tan atroz delirio. Me levanto
con el alma hecha añicos
por el maldito insomnio.
Salgo a la calle como aquel que sale
a un campo de batalla.
Involuntariamente
confundo la vigilia con el sueño.
Erre que erre sigo
sin dejar de contar,
con una esquizofrénica obsesión
y a plena luz del día,
corderos y corderos y corderos.
FISIOLOGÍA HUMANA
De vez en cuando siento
la fisiológica necesidad
de rezar, de romper cualquier baraja
o de escupir palabras disfrazadas de versos
para saberme en pie. Pero resulta
que se me han olvidado
todas las oraciones que aprendí siendo niño.
Que nunca tengo a mano una baraja.
Que todo lo que escribo
es un galimatías que yo mismo no entiendo.
Por eso me barrunto que debe de tratarse
de alguna anomalía fisiológica
y que debo llevarlo dignamente
como un castigo más hasta la tumba.
ELEGÍA
Quizás lo que proceda
según la preceptiva literaria
en instantes sin gloria como éste
sea sencillamente la elegía,
pues confluyen oscuros factores lacrimógenos
de intervención directa
-mota de polvo, sueño, irritación
desesperada, pánico-
en esta coyuntura
nocturna y solitaria en que me hallo,
sintiendo que la vida se me escapa
imperceptiblemente.
Estoy solo y escribo.
Debiera redactar algo solemne,
un planto por el tiempo fugitivo,
unos endecasílabos melódicos
que hablen de lo mucho que me duele
esta tristeza trágica
de no saber por qué ni para qué
existo. El sentimiento
infausto de vivir esclavizado
por la oscura ruleta del azar.
Una elegía pura, sin metáforas,
escrita a la intemperie,
bajo la luz helada y silenciosa
de esta luna famélica de invierno
sobre aquello que muere,
que está muriendo ahora,
inexplicablemente, en el quirófano
sin luz de mi consciencia.
LOS FANTASMAS
He de poner en orden mis fantasmas.
Esta orquesta de sombras cuya música
atraviesa las cámaras de mi razón insomne.
Llamarles la atención, darles el ultimátum.
No puedo consentir un día más
esta desesperante algarabía
de cadenas, aullidos,
carcajadas horribles y lamentos
que me ponen de punta
los pelos del espíritu.
¿Quiénes son estos fúnebres espectros
que por mi pecho agitan
el fatal estandarte
de la desolación?
¿Qué triste servidumbre a la locura rinden?
¿Qué fatal conciliábulo
dentro de mí, sin mí, se verifica?
JUICIO FINAL
¿Por qué se me convoca de repente
a este insólito juicio sumarísimo
y se me pide cuentas de una vida
de la que yo no soy el responsable
en absoluto? ¿Quién
dirige la demoledora curia
que debe condenarme o absolverme,
que debe pronunciar el veredicto,
en virtud de qué leyes divinas o astrofísicas
por el que he de sufrir la pena capital
o celebrar con júbilo
el regocijo eterno?
Y en caso de que no me satisfaga
el fallo del jurado,
¿contra qué tribunal, audiencia o sanedrín
me podré querellar con garantías?
EL ANILLO
La belleza del mundo,
su miseria insondable,
el orden matemático del cosmos
o la capa de luz
que ciñe la materia.
Todo cabe en la música
callada de un anillo.
El cielo y el infierno.
El silencio que lo revela todo.
La eterna singladura de la forma.
El principio y el fin
de la existencia.
4. LATITUD CERO
¿A dónde el camino irá?
ANTONIO MACHADO
CONFESIONES DE UN SAURIO
Tendría que empezar por el principio
y relatar mi historia con pelos y señales
desde el momento en que el reptil aquel
que fue mi antepasado decidió
expatriarse del agua y conquistar
el reino de los cielos
y la soberanía de la tierra.
Si la memoria no me falla, estimo
que fue en ese momento de la historia
cuando se despertó dentro de mí
el virulento instinto de la depredación.
Quisiera terminar este relato
con un civilizado desenlace
y, sin embargo,
sospecho que el final de mi existencia
será, como al principio,
un terrible estallido de sombras salpicando
el rostro inexpresivo de la nada.
Y aquel atroz reptil que tuvo ya mi rostro
irguiéndose otra vez, como una maldición,
frente a la oscuridad,
entre los milenarios escombros de la muerte.
DE LA CAUSALIDAD
Para que todo fuera tal como es
hicieron falta guerras, epidemias,
enfermedades, accidentes, crímenes
y una larga cadena de desgracias.
Tan sólo de esta forma fue posible
que tú y yo coincidiéramos
en esta confluencia de caminos
varada en la espesura de la historia,
y que estemos ahora y aquí sobre la hierba
amándonos felices,
en esta tarde tibia de verano.
CIENCIAS NATURALES
Bajo un árbol cualquiera
siéntate. Deja que la tarde pase
sin más. No te preocupe
nada. Mira hacia el cielo
y contempla las nubes.
La cáscara amarilla del crepúsculo.
Los pájaros que cruzan hacia ninguna parte.
Ese pequeño escarabajo negro.
O una hierba muy simple.
También puedes quedarte con la mente vacía,
escuchando el silencio. Todo lo que tus ojos
contemplan es el mundo. Aquellas cosas
que puedes percibir con los sentidos
y las que habitan dentro
de tu mente. No existe apenas diferencia
entre la realidad y el mundo fabulado,
pues todo forma parte
de la misma película esencial.
Disfruta el hospedaje y no preguntes
esa cítara extraña dónde suena,
en qué parte de ti, por quién derramarán
su blanca luz lechosa las estrellas.
No te preocupe nada. Bajo un árbol
cualquiera siéntate. Abre los ojos
y déjate invadir por cuanto te circunda.
El mundo es anterior al pensamiento
y su confín excede tu existencia.
Aprende la lección y simplemente goza.
No hay épica en la muerte.
Y la vida es tan sólo
este frágil y efímero fluir.
ESCENA FAMILIAR
El visitante llega de improviso
y al entrar se sacude con un gesto mecánico
la nieve de los hombros.
Es una noche oscura.
Por el leve resquicio de la puerta
durante unos brevísimos momentos
se cuela el triste aullido de los lobos.
Alguien trae una silla, balbuce unas palabras
de bienvenida y el recién llegado
se sienta agradecido junto a la hermosa lumbre.
Todos comen el pan con alegría
y beben satisfechos el generoso vino
de la cosecha última. Crepita
la leña en el hogar. El fuego arde
con una perezosa lentitud.
Y la casa parece iluminada
por un bello fulgor intemporal.
Pero otro personaje se levanta de pronto
en silencio y el júbilo
da paso a la tristeza más profunda.
Ha de partir irremisiblemente
sin equipaje ni salvoconducto
y no volver jamás.
Hay lágrimas, sollozos,
algún grito apagado en una esquina.
Abre la puerta y, sin decir adiós,
se aleja por la inhóspita garganta
de la noche. Es una noche oscura.
Sin estrellas. Los lobos aúllan a lo lejos
con un aullido triste.
HILO MUSICAL
(Escuchando a Mozart)
¿Desde cuándo acontece,
con qué objeto,
esta música muda que atraviesa
la extraña partitura de los siglos?
Por la escala melódica del tiempo,
peldaño tras peldaño,
¿hacia qué cielo indescifrable
asciende este sonido
de inmemorial belleza?
Una unánime nota sostenida
como dádiva o ritmo
en el confín del hombre,
¿de qué alto prodigio nos conmueve?
¿qué mensaje traduce en su armonía?
Somos carne en el tiempo
que celebra la música.
Esa extraña y celeste matemática
que inocula en nosotros
la sinfónica luz del absoluto.
ANTÓNIMOS COMPLEMENTARIOS
Llegaron las palomas
y ocuparon el centro del jardín.
Bulliciosas y alegres
Intensamente blancas. Parecía
que la mano de un dios irrefutable
las hubiera arrojado
desde la claridad de un reino idílico.
Y sin embargo fue
la llegada imprevista
del aquel oscuro cuervo,
su negrura brillante entre el blancor
de las palomas, la que me reveló
definitivamente la belleza.
RENOIR
El espejo del lago reverbera
una luz de naranjas sumergidas.
Yuxtapone su azul
la tarde y en el duro
cristal de la corriente se remansa
la tinta transparente del silencio.
Hay un bosque difuso de magnolios
donde prende el misterio
su estructura de verde detenido
en el oro lejano de otro tiempo.
Se estaciona en el aire
una densa humareda que prolonga
la infinitud del alma contemplando
la impresión de un paisaje
que es pura geometría de la luz.
Sobre el agua del lago silencioso
una barca navega.
Son la vida y la muerte quienes bogan.
Esas damas de blanco que nos miran
desde la intemporalidad
de un lienzo de Renoir.
LATITUD CERO
Al regresar al punto de partida
advertirás que nadie te esperaba,
que todo ha sucumbido
a la metódica erosión del tiempo.
Con tu partir rompiste
el lazo umbilical con el pasado.
La vida desde entonces es una sucesión
de heridas mal cerradas, vagos nombres,
rostros, fechas y números
que diluye el olvido.
Muñones que agonizan
en medio del camino transitado.
Ese oscuro sendero que conduce
no sabes hacia dónde. Al regresar
no pidas hospedaje a tus recuerdos
y acepta la limosna
que el azar insolente te regale.
Aunque nadie te espere no te importe
pues sólo es importante la esperanza
de encontrarte a ti mismo.
La luz sólo se alcanza
atravesando sombras.
==================== jrbarat ======================== |