LIBROS

MÁS VALE TÍTERE EN MANO

(Diez guiñolitos de color para niños nubícolas)

Juan Ramón Barat y Reinaldo Jiménez

 

"Magia, colores, vida de cartón y madera, marionetas en el camerino, personajes en el escenario, Polichinelas, Pierrots, Arlequines, Brujas, Dragones, Héroes. Hilos que se rompen, movimientos autónomos. ¡No los mueven, se mueven! Risa y goce de pequeños, gritos apasionados. El Teatro de títeres y marionetas nunca morirá, no puede morir mientras haya infancia e ilusión. Se ha criticado al Teatro de Títeres y Marionetas, se ha vaticinado su muerte cientos de veces, pero siempre sobrevive a épocas y a movimientos literarios. Los títeres son como la vida, se acabarán como la vida. Títeres y marionetas al pueblo, a la ciudad; títeres y marionetas en los puentes y calles y en las plazas y caminos, en las ferias. en los colegios, en los Teatros. Títeres, títeres, títeres."

Luis García Fernández, 14 años

(A propósito de un Festival de Títeres en Alcoy)

 

“A la hora de prologar este libro me viene, antes de nada - y, como en otros casos - el inicial y consabido agradecimiento hacia los autores por su gentil deferencia. Que se acuerden de uno para tan grato motivo es, además de una estupenda noticia en el ámbito personal, un excelente detalle que se expande más allá del mero acto testimonial. Pero, sinceramente y en el caso que nos ocupa, el formulismo pasa a mero rango de anécdota porque lo que yo acabo de leer es, nada más y nada menos, una auténtica invitación al juego y a la recreación, a la práctica dramática como puerta que da acceso a otros mundos, a otras vidas, a la extrapolación y a la desmitificación, al sueño, al corazón mismo de la Fantasía.

Las piezas de Reinaldo Jiménez y de Juan Ramón Barat se nos presentan, frescas y abiertas, enmarcadas dentro de un teatrino de marionetas que quiere convocar, a través de la palabra, a la magia de la fiesta teatral. Y ambos lo hacen con instrumentos igualmente compartidos: guiños constantes a los espectadores - o a los lectores, porque también ellos pueden ser los afortunados destinatarios -, juegos de lenguaje (que incluyen, por ejemplo, las adivinanzas, siempre tan antiguas, siempre tan nuevas, siempre tan cercanas, siempre tan auténticas), preciso juego dramático, humor en grandes dosis y temáticas renovadas, que nada tienen que ver con moralinas ni con los didactismos de antaño - indicando claramente que los dos conocen la esencia de su trabajo, lo más importante, lo que les ha hecho escribir estas preciosas obras: el mundo de la infancia, con todas sus manifestaciones e inquietudes actuales, diferentes obviamente a las personas que fueron hacen unos años los más pequeños. Así, hay obras que tocan el tema ecológico y medioambiental ("La dama del Paraíso", o "Chulipáchuli"), la defensa de los animales ("Pim, Pam, Pum"), la desmitificación de los estereotipos y la superación de las dificultades mediante el ingenio, el conocimiento o el aumento de la autoestima ("Guisantillos y la Estrella de los Deseos", "Una noche de Terror", "Historia al revés", "La Bella no Durmiente") y también textos que plantean claramente una opción por los valores que más pueden hacer por esta infancia que crece firme y decidida hacia el futuro: compartir con justicia y equidad ("La manzana"), desarrollar la solidaridad ("El Mago Merlucín") o el acercamiento al diferente, a esa persona que no entra dentro del canon que la publicidad santifica, que eleva al rango de óptimo ("La princesa fea") .

Ya lo dije antes. El medio elegido es el Teatro de Títeres y Marionetas. Desde aquí un aplauso solitario, - el mío-, jalea ruidosamente la opción en espera de que se unan otros muchos. Es bueno revitalizar una fórmula dramática que, como otras manifestaciones, se resiste a sucumbir ante fórmulas más novedosas e imperantes y que tienen a las pantallas -cualquier pantalla- como hipnótico aliado. Somos conscientes de tan desigual batalla. Pero nadie duda del poder que siempre ha tenido -y aún tiene - un títere cuando, susurrante, nos llama desde el escenario multicolor del teatrino; nadie oculta como se encienden colectivamente los ojos y los corazones cuando nos piden complicidad; a nadie escapa la ternura de la marioneta que despide con su mano de trapo o de goma-espuma la función que el viento trajo, especialmente, para todos nosotros.

Pero que nadie dude. También hay un reto para aquellos que quieran dar otros pasos. Y es que en teatro, como en el amor, todo vale. Las obras de Reinaldo y de Juan Ramón pueden cobrar vida también desde otras perspectivas -¿por qué no?- . Así, sabrían vestirse de sombras corporales tras una pantalla o llenarse de magia fluorescente, arropada por la Luz Negra. Y, cómo no, se podrían representar al modo del Teatro tradicional, con actores y actrices que presten sus formas y sus expresiones. Y siempre sería igual porque aquí lo verdaderamente importante son los textos, llenos de vida, tocados por la gracia y el humor que Reinaldo Jiménez y Juan Ramón Barat han tenido el acierto de escribir. Como el tiempo apremia para lo verdaderamente importante, la lectura de este libro, hago, si me lo permiten, una última llamada:

 

* A los niños y niñas que montarán, leerán o verán representadas estas obras, para que, sabiéndose merecedores siempre de piezas como estas, pidan muchas más.

* A las maestras y maestros, para que se animen a trabajar junto a sus alumnas y alumnos y descubran al mismo tiempo (encantadora y eterna Alicia) lo que hay detrás del espejo, así, siempre juntos, paso a paso.

* A los padres y madres, para que también representen, jueguen. disfruten. aunque sólo sea llevándoles a la representación.

* A las instituciones encargadas de velar por la comunidad, para que no olviden que el teatro educa y hace crecer.

* Y a Reinaldo y a Juan Ramón, para que no dejen de escribir, porque necesitamos sus textos, necesitamos sus libros, necesitamos palabras como las suyas que nos hagan ser, día a día, más auténticos, felices .y hermosa y maravillosamente libres.”

 

José Cañas Torregrosa

 

 

 

JUAN RAMÓN BARAT

 

  1. Guisantillo y la Estrella de los Deseos.
  2. Historia al revés.
  3. La princesa fea.
  4. Chulipáchuli.
  5. Pim pam pum.

 

REINALDO JIMÉNEZ

 

  1. Una noche de terror.
  2. La bella no durmiente.
  3. La manzana.
  4. El mago merlucín.
  5. Las damas del Paraíso.

 

 

 

FRAGMENTO DE GUISANTILLO Y LA ESTRELLA DE LOS DESEOS

 

 

ACTO 1

 

ESCENA 1 : ( Petra y Magnolia.)

 

Al comenzar la obra, Petra pasea por el campo.

 

PETRA: (Canturreando.) Tralarí, tralará. ¡Hola, niños! ¿Qué hacéis ahí? Bueno, es igual. ¿Sabéis a dónde voy? Voy al bosque del río a una reunión muy interesante. ¿Queréis que os cuente para qué? Es una reunión de malos. Ji, ji.

 

Aparece Magnolia.

 

MAGNOLIA: ¡Hola!

PETRA: ¿Eh? ¿Quién eres tú?

MAGNOLIA: Yo soy Magnolia. ¿Y tú?

PETRA: Yo soy Petra.

MAGNOLIA: ¿Y qué haces aquí?

PETRA: Voy a la reunión del bosque.

MAGOLIA: Y yo también.

PETRA: ¿Y tú qué vas a pedir?

MAGNOLIA: Yo quiero ser hada.

PETRA: ¿Sí? ¿Qué clase de hada?

MAGNOLIA: Un hada malvada, terrible.

PETRA: ¡Eso me parece maravilloso! ¡Yo sueño con convertirme en bruja. Una bruja chunga. Eso es lo que quiero ser. ¿Qué te parece?

MAGNOLIA: Maravilloso. Los niños de hoy en día ya no creen en brujas y hadas. Ya no creen en espíritus del bosque o en fantasmas del castillo. Pienso que esta idea de la reunión es magnífica.

PETRA: Sí. Yo también. Estoy deseando preparar un puchero grandísimo con guarrerías para hacer encantamientos y gamberradas. ¿Qué te parece una lluvia que dure todo el año?

MAGNOLIA: Magnífico. Pues yo lo que quiero es que desaparezcan los sábados y los domingos. Así los niños estarán siempre en la escuela. ¿Qué te parece?

PETRA: Jo, ¡qué pasada! Lo que nos vamos a divertir. Se van a enterar los niños de lo que vale un balón de baloncesto.

MAGNOLIA: Vamos, vamos, que la reunión empieza dentro de diez minutos.

 

Se van canturreando. Al momento, aparece Pedrusco Patatiesa.

 

ESCENA 2 : ( Pedrusco Patatiesa y Cartapacio Bellotas.)

 

PEDRUSCO: (Canturreando.) Pirulín pirulón, yo me como un salchichón. Pirulín pirulán, con un pedazo de pan. Pirulín pirulén... (Ve a los niños del público.) ¿Eh? ¡Niños! ¡Cuántos niños! ¿Qué hacéis ahí? ¿Qué os parece mi nueva canción? Pirulín pirulón, yo me como un salchichón. Pirulín pirulán, con un pedazo de pan. Pirulén... ¿Eh? ¿Qué oigo? ¿Que mi canción no vale un pimiento? ¿Quién ha dicho eso? ¡Que salga si se atreve! ¿Sabéis que os digo? Seguro que vuestros maestros no saben una canción tan chula como la mía. (Elevando el tono de voz, desagradable.) ¡Pirulín pirulón, yo me como un salchichón! ¡Pirulín pirulán, con un pedazo de pan! (Repite la canción aún más fuerte, rápido y desagradable.)

CARTAPACIO: ¿Quién berrea por ahí? ¡Parece un cuervo constipado!

PEDRUSCO: ¿Eh? ¿Quién eres tú? ¿Cómo te atreves a hablar mal de mi dulce voz?

CARTAPACIO: ¿Dulce? Jo, jo. Permite que me deschichafle de la risa. (Se ríe de manera estridente y antipática. Como un rebuzno de burro.) ¡Jiá, jiá, jiá!

PEDRUSCO: Oye, oye. Sin pasarse. A ver. ¿Quién eres tú?

CARTAPACIO: Soy Cartapacio Bellotas. Supongo que habrás oído hablar de mí.

PEDRUSCO: Sí. A las boñigas de las cabras. (Imita la risa de Cartapacio, en tono de burla descarada.) ¡Jiá, jiá, jiá!

CARTAPACIO: He dicho Cartapacio Bellotas. Deberías temblar en mi presencia. Soy auténticamente malo. No, malo no. ¡Soy peor!

PEDRUSCO: Eso lo veremos.

CARTAPACIO: Y tú, ¿quién, diablos, eres?

PEDRUSCO: Yo soy el gran Pedrusco Patatiesa. Supongo que ahora te desmayarás del susto.

CARTAPACIO: Permite que me deschichafle de la risa. Jiá, jiá, jiá.

PEDRUSCO: Pues si quieres nos deschichaflamos juntos. Jiá, jiá, jiá.

CARTAPACIO: ¿De qué te ríes, mono feo?

PEDRUSCO: De lo que me da la gana. ¿Y tú, sapo triste?

CARTAPACIO: De lo que yo quiero.

PEDRUSCO: ¿Y qué haces por aquí, si puede saberse?

CARTAPACIO: He venido a la reunión del bosque.

PEDRUSCO: ¡Toma! ¡Yo también!

CARTAPACIO: Quiero ser malísimo. El más malo. Quiero ser el ser más endiablado del mundo. Voy a pedir que me conviertan en ogro. Un ogro grande, feo, terrorífico. Devoraré niños como si fueran helados de nata. Jiá, jiá, jiá.

PEDRUSCO: Pues yo quiero ser aún más malo que tú. Quiero ser tan malo, que hasta mi sombra se asuste al verme. Yo quiero convertirme en pirata. Con loro y todo.

CARTAPACIO: ¿Sabes a qué hora es la reunión del bosque?

PEDRUSCO: (Mirando el reloj.) ¡Rayos! ¡Faltan siete minutos!

CARTAPACIO: Entonces, vámonos. ¿Está muy lejos ese bosque?

PEDRUSCO: No. Al lado del río.

CARTAPACIO: ¿Y está muy lejos ese río?

PEDRUSCO: No. Al lado del monte.

CARTAPACIO: ¿Y está muy lejos ese monte?

PEDRUSCO: No, al lado de... ¡Bueno, tú sígueme! ¡Pirulín pirulón, yo me como un salchichón! ¡Pirulín pirulán, con un pedazo de pan!

CARTAPACIO: Jiá, jiá, jiá.

 

Desaparecen entre risotadas y voces. Al momento aparece Guisantillo.

 

ESCENA 3 : ( Guisantillo y la Estrella de los Deseos.)

 

GUISANTILLO: ¡Hola, niños! ¡Buenos días! ¿Cómo estáis? Yo soy Guisantillo. Y ahora mismo voy a la escuela. A mí me gusta mucho la escuela. ¿Y a vosotros? ¿También? Eso es estupendo. ¿Sabéis? A mí, cuando sea mayor, me gustaría ser maestro. No, no. Mejor todavía. Me gustaría ser un sabio. Para inventar aparatos de esos con muchos cables. Aparatos que pudieran hacer cosas raras. No sé. ¿Qué podrían hacer mis aparatos? Fabricar bocadillos de jamón, juguetes, monopatines, huevos kínder, gominolas, pelotas de baloncesto. ¿Eh? ¿Qué sucede?

 

De repente aparece una extraña estrella azul en mitad del cielo. Brilla de modo especial.

 

GUISANTILLO: ¿Cómo es posible? Una estrella en mitad de la tarde. ¡Si las estrellas sólo salen por la noche!

ESTRELLA: ¡Hola, Guisantillo!

GUISANTILLO: ¿Quién eres?

ESTRELLA: Soy la estrella de los deseos.

GUISANTILLO: Anda la osa morena. ¡Una estrella de los deseos! ¡Yo creía que esas cosas sólo pasaban en las películas de Walt Disney o en los cuentos que me lee mi abuelita en la cama!

ESTRELLA: ¡Qué va! Soy tan real como tú.

GUISANTILLO: Oye, ¿y qué significa “estrella de los deseos”?

ESTRELLA: Guisantillo, estás un poco verde, me parece. ¿Qué crees que significa “estrella de los deseos”? ¡Cualquier niño de estos te lo podrá explicar!

GUISANTILLO: ¿Sí? (Al público.) ¿Vosotros habéis visto alguna vez una estrella de los deseos? ¡Yo tampoco! (A la estrella.) ¿Y te puedo pedir un deseo?

ESTRELLA: Claro, para eso he venido. Pero date prisa. Tengo mucho trabajo. Hay muchos niños que me necesitan y no puedo estar aquí todo el día. ¿Cuál es tu deseo?

GUISANTILLO: ¿Puedes darme todo lo que te pida?

ESTRELLA: ¡Claro!

GUISANTILLO: Entonces quiero que me conviertas en sabio.

ESTRELLA: ¿En sabio? ¿No quieres mucho dinero, ni muchos coches, ni un castillo enorme, ni una tarta gigante para ti solo?

GUISANTILLO: No. Sólo quiero ser sabio.

ESTRELLA: ¿Puedo preguntarte para qué?

GUISANTILLO: Quiero inventar algo que mejore el mundo.

ESTRELLA: Eso lo puedes conseguir en la escuela.

GUISANTILLO: ¿En la escuela? ¿Cómo?

ESTRELLA: Obedeciendo a tus maestros en todo lo que manden.

GUISANTILLO: Ya. Pero yo me refería a otra cosa. Yo quiero que no haya gente mala haciendo guerras y todo eso. Yo quiero que haya muchos juguetes, muchas golosinas, muchos regalos para todos... Lo que se suele pedir en Navidad.

ESTRELLA: Está bien. En ese caso, te concederé la sabiduría para inventar algo importante: una fórmula mágica, un hechizo, un aparato electrónico... Lo que tú quieras.

GUISANTILLO: ¡Estupendo! Entonces...

ESTRELLA: ¿Qué te pasa?

GUISANTILLO: ¡Se me está ocurriendo una idea genial! (Trata de irse corriendo.)

ESTRELLA: ¿A dónde vas con tanta prisa?

GUISANTILLO: ¡Al bosque del río!

ESTRELLA: ¿Al bosque? ¿Para qué? ¿Es que vas a coger fresas?

GUISANTILLO: ¡Hasta luego, estrella! ¡Y gracias por todo!

ESTRELLA: ¡Guisantillo, Guisantillo! Espera... (El niño ha desaparecido. Al público.) Es inútil. Se ha ido. No me ha dado tiempo a explicarle cómo funciona mi magia. Hasta luego, niños. Sed buenos. ¡Y haced caso a los maestros, a las mamás y a los papás! (Desaparece con un resplandor bellísimo.) ¡Ah! Y si veis a Guisantillo decidle que me espere, que luego volveré para decirle la frase mágica.

 

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