COMO TODOS USTEDES

 

Un jurado presidido por el Alcalde del Ayuntamiento de Torrevieja y Presidente del Instituto Municipal de Cultura de la misma ciudad, don Pedro Ángel Hernández Mateo, y compuesto por don Luis Bonmatí, don José Manuel Caballero Bonald, don Manuel Cifo, don Francisco Javier Díez de Revenga y don José Luis V. Ferris concedió a este libro el VII Premio Internacional de Poesía “Ciudad de Torrevieja”, 2002.

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Hay en este libro una sabia combinación de hálito existencial, humanismo e ingenio expresivo que lo convierten en un ejemplo brillante de poesía; acaso porque las preocupaciones del hombre que escribe estos versos son, en el fondo, nuestras preocupaciones. Pero él tiene un as en la manga. Él puede transformar su fracaso como ser humano, sus más recónditas frustraciones, en este hermoso libro de poemas, en esta sucesión de hallazgos expresivos donde el humor y la inteligencia se dan continuamente la mano:

 

“A veces en la noche,

me despierta un confuso zureo de palabras”.

 

Quizás el secreto de la poesía resida precisamente en esta sabia fórmula expresiva, en la música que dicta las razones del poeta en la forma brillante y emotiva de sus versos:

 

“Se me escapan los versos de las manos

como astros apagándose en la noche”.

 

A Juan Ramón Barat se le nota el entusiasmo radical por la palabra, el rapto por el verbo que da forma a los fantasmas del poeta, y al fondo la voluntad consciente de jugar con el idioma, de extorsionar la lengua hasta extraer su último jugo:

 

“Seguramente soy

un hombre triste y gris,

como todos ustedes”.

 

La combinación del verso clásico y la dicción llana, el manejo diestro de la técnica y la voz cercana del sujeto poético hacen de esta obra un caso particular de poesía sin tiempo y ajena a las corrientes literarias actuales, pero sobre todo encontramos en los poemas del libro una confesión a pecho descubierto del hombre que ha escrito todas las palabras, una confesión que nos alude y nos incluye irremediablemente, porque nosotros también somos:

 

“Un triste personaje

que colecciona sombras”.

 

No cabe duda de que Juan Ramón Barat prosigue por el camino correcto de la poesía importante, ayudado por los instrumentos infalibles de un idioma que maneja muy bien y de la preocupación por el ser humano:

 

“Amar /

a, ante, bajo, cabe

el día que reparte a manos llenas

los panes y los peces de la luz”.

 

Pascual García

 

 

COMO TODOS USTEDES

 

“Bufón en la Gran Corte de la Tecnología”

SALUSTIANO MASÓ

Seguramente soy

un hombre triste y gris

como todos ustedes.

Un hombre encadenado a los horarios,

con mujer y con hijos y halitosis,

y problemas de próstata y de insomnio,

y una cuenta bancaria

bordeando el precipicio de los números rojos,

y enemigos mortales y aficiones pacíficas

y algún sueño prohibido inconfesable.

Como todos ustedes,

uno más del rebaño.

Bufón en la Gran Corte de la Tecnología.

Desde el punto de vista de los jefes

una mierda a la izquierda.

Completamente solo.

Condenado a morir. Injustamente.

Un hombre triste y gris.

Como todos ustedes.

 

 

INFORMACIÓN CONFIDENCIAL

 

Como gotas de sombra

en un libro de nadie

van cayendo las letras que forman el poema,

un caos de palabras abrazándose

a la desesperada,

gota a gota los versos

resbalan como lágrimas, resbalan hasta el borde

de la desolación, hozan la página,

los versos

con mi erre hache cero positivo,

con mi nif y mi signo del zodíaco,

los versos cuya estela conduce sin remedio

a la calamidad,

como gotas de sombra cuyo rastro,

ese hilo que forma

la biografía de un desconocido,

se pierde totalmente

en la espiral anónima del tiempo.

 

 

NOCHE DE VERANO

 

Una vez, siendo niño, le pregunté a mi padre

a dónde van los hombres cuando mueren.

Era una hermosa noche de verano.

Estábamos sentados a la puerta

de la casa en dos sillas

de anea y contemplábamos el cielo.

El aire nos traía dulcemente

el olor del jazmín.

Mi padre me miró con ojos bondadosos

y tras breve silencio me explicó

que la muerte no existe y que los hombres

acaban transformándose en estrellas

que brillan en el cielo.

Cuando me hice mayor y consulté los libros

descubrí con sorpresa

que la luz de los astros no es eterna,

que también su existencia se consume

con el paso del tiempo.

Ya hace muchos años que mi padre murió.

Hoy quisiera tenerlo junto a mí,

igual que aquella noche, y poder formularle

la pregunta obsesiva que me hago

al mirar hacia el cielo

en mi silla de anea solitaria:

¿a dónde van los astros cuando mueren?

 

 

LOS AMANTES

 

Los dos creen que el mundo,

más allá de la urgencia de la carne,

carece de sentido.

Se juzgan destinados a la inmortalidad

y desprecian aquello que subsiste

sin fulgor, desgastado por la lepra

fatal de la costumbre.

En sus ojos destella

la luz de las semillas.

Y en sus venas un fuego antiguo y poderoso

enciende las hermosas

antorchas de la vida.

Ignoran que en la sombra

la terrible clepsidra del hastío

conspira contra ellos.

 

 

NECRÓPOLIS

 

El oscuro ciprés de la necrópolis

se yergue solitario.

Como una catapulta milenaria

proyecta contra el cielo

el silencio del polvo y su miseria.

La lengua verde de su sombra lame

con desgana las lápidas.

En su copa los pájaros

picotean la luz.

Cuando la tarde cae sobre el mundo

y asciende como un vaho

el olor de la tierra inescrutable,

el viajero contempla la necrópolis

en todo su esplendor.

Su sórdido botín.

Su yermo paraíso de ceniza.

 

ADÁN

 

Cada vez que la sierpe me ofrece la manzana,

un extraño temblor sacude mis arterias,

paraliza la mano con que intento

atrapar el prodigio,

porque sé que la vida es un don misterioso

que dispensa su luz a quienes aman

por encima de todo la belleza,

pero me quedo siempre con el brazo extendido,

señalando la sombra de una estrella imposible,

y rumiando el pecado imperdonable

de mi abyecta y eterna cobardía.

 

TESEO MOUSE

 

No tengo escapatoria.

Deben de haber cerrado a cal y canto

todas las puertas de este extraño laberinto.

Estérilmente busco la salida.

El hilo conductor hacia la luz.

El fin que justifique

esta triste existencia solitaria

en la urna del tiempo.

Y lo peor de todo es esta sombra

felina persiguiéndome

como una maldición por todas partes.


EL BOSQUE

 

Abandoné a mi madre y a mi padre.

Y a todos mis hermanos.

Dejé la casa donde yo nací

y me adentré en el bosque misterioso

dispuesto a atravesarlo

a golpes de machete o de canciones.

Tuve esposa, cacé para mis hijos

y alimenté la llama de mi hogar

con vino y esperanzas.

Mas los años pasaron

con una extraordinaria rapidez.

Mi mujer me dejó una noche de invierno

y mis hijos se fueron marchando poco a poco,

como se van los pájaros, dejando tras de sí

una estela de sombra y de tristeza.

Al fin he conseguido atravesar el bosque

y estoy arrodillado frente al mar.

 

LA ÚLTIMA CENA

 

Vinieron a por él

unos hombres oscuros

y en silencio partieron

bajo la espesa lluvia de la noche.

Eran años difíciles. El odio

asolaba la tierra

como una interminable epidemia de sombra.

Dijeron que murió junto a un olivo,

igual que un perro abandonado. Nadie

trajo nunca su cuerpo. Desde entonces,

su madre y yo seguimos mirando el horizonte

por si esta guerra inútil finaliza

y él acaso volviera.

Avivamos un fuego de retamas amargas

y aguardamos aquí,

junto a la mesa, como aquella última noche,

con el vino y el pan.

Y la esperanza.

 

VARIACIONES SOBRE UN TEMA DE CERNUDA

 

De que la vida es una breve tragicomedia

se encarga de dar fe

el eterno conflicto que provoca

la realidad del hombre y su deseo.

Existen mil maneras para narcotizar

la bestia subterránea del instinto.

Mil formas barbitúricas

contra la soledad.

Antídotos y fórmulas

para el dolor del alma.

Pero no hay terapéutica posible

contra la prescripción de la existencia.

Contra esa larva que en silencio crece

y acaba convirtiendo en certidumbre

la sórdida exclusión sin paliativos

del falso paraíso cotidiano.

Lo que la realidad hacía sospechar.

Lo que negó con creces el deseo.

 

DATOS PARA UNA BIOGRAFÍA

 

Ese niño que corre por la plaza

y juega a la pelota bajo el sol del verano.

Ese joven que tiembla con la música

de una balada triste y llora porque siente

que está predestinado a la felicidad.

El mozo que no sabe para qué

sirve un fusil. El hombre que sonríe,

hermoso como un dios invulnerable,

en la fotografía de su boda.

El profesor que intenta,

sin demasiado éxito,

hablar a sus alumnos de gramática.

El marido que ama a su mujer

hasta en sus más inconfesables sueños.

El padre que amonesta

con amor a sus hijos.

El abuelo que sienta en sus rodillas

a sus nietos y cuenta interminables

batallas de otras épocas.

Ese viejo que escribe en un banco del parque,

melancólico y solo, estrafalarios versos.

Esa sombra que nadie consigue recordar.

 

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