COMO TODOS USTEDES
“Bufón en la Gran Corte de la Tecnología”
SALUSTIANO MASÓ
Seguramente soy
un hombre triste y gris
como todos ustedes.
Un hombre encadenado a los horarios,
con mujer y con hijos y halitosis,
y problemas de próstata y de insomnio,
y una cuenta bancaria
bordeando el precipicio de los números rojos,
y enemigos mortales y aficiones pacíficas
y algún sueño prohibido inconfesable.
Como todos ustedes,
uno más del rebaño.
Bufón en la Gran Corte de la Tecnología.
Desde el punto de vista de los jefes
una mierda a la izquierda.
Completamente solo.
Condenado a morir. Injustamente.
Un hombre triste y gris.
Como todos ustedes.
INFORMACIÓN CONFIDENCIAL
Como gotas de sombra
en un libro de nadie
van cayendo las letras que forman el poema,
un caos de palabras abrazándose
a la desesperada,
gota a gota los versos
resbalan como lágrimas, resbalan hasta el borde
de la desolación, hozan la página,
los versos
con mi erre hache cero positivo,
con mi nif y mi signo del zodíaco,
los versos cuya estela conduce sin remedio
a la calamidad,
como gotas de sombra cuyo rastro,
ese hilo que forma
la biografía de un desconocido,
se pierde totalmente
en la espiral anónima del tiempo.
NOCHE DE VERANO
Una vez, siendo niño, le pregunté a mi padre
a dónde van los hombres cuando mueren.
Era una hermosa noche de verano.
Estábamos sentados a la puerta
de la casa en dos sillas
de anea y contemplábamos el cielo.
El aire nos traía dulcemente
el olor del jazmín.
Mi padre me miró con ojos bondadosos
y tras breve silencio me explicó
que la muerte no existe y que los hombres
acaban transformándose en estrellas
que brillan en el cielo.
Cuando me hice mayor y consulté los libros
descubrí con sorpresa
que la luz de los astros no es eterna,
que también su existencia se consume
con el paso del tiempo.
Ya hace muchos años que mi padre murió.
Hoy quisiera tenerlo junto a mí,
igual que aquella noche, y poder formularle
la pregunta obsesiva que me hago
al mirar hacia el cielo
en mi silla de anea solitaria:
¿a dónde van los astros cuando mueren?
LOS AMANTES
Los dos creen que el mundo,
más allá de la urgencia de la carne,
carece de sentido.
Se juzgan destinados a la inmortalidad
y desprecian aquello que subsiste
sin fulgor, desgastado por la lepra
fatal de la costumbre.
En sus ojos destella
la luz de las semillas.
Y en sus venas un fuego antiguo y poderoso
enciende las hermosas
antorchas de la vida.
Ignoran que en la sombra
la terrible clepsidra del hastío
conspira contra ellos.
NECRÓPOLIS
El oscuro ciprés de la necrópolis
se yergue solitario.
Como una catapulta milenaria
proyecta contra el cielo
el silencio del polvo y su miseria.
La lengua verde de su sombra lame
con desgana las lápidas.
En su copa los pájaros
picotean la luz.
Cuando la tarde cae sobre el mundo
y asciende como un vaho
el olor de la tierra inescrutable,
el viajero contempla la necrópolis
en todo su esplendor.
Su sórdido botín.
Su yermo paraíso de ceniza.
ADÁN
Cada vez que la sierpe me ofrece la manzana,
un extraño temblor sacude mis arterias,
paraliza la mano con que intento
atrapar el prodigio,
porque sé que la vida es un don misterioso
que dispensa su luz a quienes aman
por encima de todo la belleza,
pero me quedo siempre con el brazo extendido,
señalando la sombra de una estrella imposible,
y rumiando el pecado imperdonable
de mi abyecta y eterna cobardía.
TESEO MOUSE
No tengo escapatoria.
Deben de haber cerrado a cal y canto
todas las puertas de este extraño laberinto.
Estérilmente busco la salida.
El hilo conductor hacia la luz.
El fin que justifique
esta triste existencia solitaria
en la urna del tiempo.
Y lo peor de todo es esta sombra
felina persiguiéndome
como una maldición por todas partes.
EL BOSQUE
Abandoné a mi madre y a mi padre.
Y a todos mis hermanos.
Dejé la casa donde yo nací
y me adentré en el bosque misterioso
dispuesto a atravesarlo
a golpes de machete o de canciones.
Tuve esposa, cacé para mis hijos
y alimenté la llama de mi hogar
con vino y esperanzas.
Mas los años pasaron
con una extraordinaria rapidez.
Mi mujer me dejó una noche de invierno
y mis hijos se fueron marchando poco a poco,
como se van los pájaros, dejando tras de sí
una estela de sombra y de tristeza.
Al fin he conseguido atravesar el bosque
y estoy arrodillado frente al mar.
LA ÚLTIMA CENA
Vinieron a por él
unos hombres oscuros
y en silencio partieron
bajo la espesa lluvia de la noche.
Eran años difíciles. El odio
asolaba la tierra
como una interminable epidemia de sombra.
Dijeron que murió junto a un olivo,
igual que un perro abandonado. Nadie
trajo nunca su cuerpo. Desde entonces,
su madre y yo seguimos mirando el horizonte
por si esta guerra inútil finaliza
y él acaso volviera.
Avivamos un fuego de retamas amargas
y aguardamos aquí,
junto a la mesa, como aquella última noche,
con el vino y el pan.
Y la esperanza.
VARIACIONES SOBRE UN TEMA DE CERNUDA
De que la vida es una breve tragicomedia
se encarga de dar fe
el eterno conflicto que provoca
la realidad del hombre y su deseo.
Existen mil maneras para narcotizar
la bestia subterránea del instinto.
Mil formas barbitúricas
contra la soledad.
Antídotos y fórmulas
para el dolor del alma.
Pero no hay terapéutica posible
contra la prescripción de la existencia.
Contra esa larva que en silencio crece
y acaba convirtiendo en certidumbre
la sórdida exclusión sin paliativos
del falso paraíso cotidiano.
Lo que la realidad hacía sospechar.
Lo que negó con creces el deseo.
DATOS PARA UNA BIOGRAFÍA
Ese niño que corre por la plaza
y juega a la pelota bajo el sol del verano.
Ese joven que tiembla con la música
de una balada triste y llora porque siente
que está predestinado a la felicidad.
El mozo que no sabe para qué
sirve un fusil. El hombre que sonríe,
hermoso como un dios invulnerable,
en la fotografía de su boda.
El profesor que intenta,
sin demasiado éxito,
hablar a sus alumnos de gramática.
El marido que ama a su mujer
hasta en sus más inconfesables sueños.
El padre que amonesta
con amor a sus hijos.
El abuelo que sienta en sus rodillas
a sus nietos y cuenta interminables
batallas de otras épocas.
Ese viejo que escribe en un banco del parque,
melancólico y solo, estrafalarios versos.
Esa sombra que nadie consigue recordar.