Miré el papel en blanco. Yo tenía
palabras y palabras y palabras,
pero ninguna de ellas me servía.
MARIO BENEDETTI
Primera parte: YO
Como todos ustedes
Información confidencial
Pronóstico muy grave
Acoso sensual
Palabras y palabras y palabras
Noche de verano
Casus belli
Operaciones cotidianas
Sed
Adán
Cuestión de analogía
La tribu
Jeroglífico
Teseo mouse
El bosque
Discurso sin método
El tablero
Sin orden ni concierto
Homo sociabilis
Ritornello
Parábola del ciego
Secuelas de la guerra
Escena bucólica
Nulidad
Soliloquio del arborícola
Efectos secundarios
Posibilidad no remota
Segunda parte: TÚ
Fado
Poniente
Clase teórica sobre la inmortalidad
Fabulación y signo
Lógica argumental
Orfandad
Naturaleza muerta
Vida de perros
Los pinos
Tercera parte: ÉL
Contrapunto
Desenlace tradicional
Los amantes
La última cena
Tango
Acta de desposesión
Lección de historia
Necrópolis
Of course
El hombre
Variaciones sobre un tema de cernuda
Oración
Érase una vez
El tahúr
Quién
Datos para una biografía
**********
1ª PARTE: YO
COMO TODOS USTEDES
Seguramente soy
un hombre triste y gris
como todos ustedes.
Un hombre encadenado a los horarios,
con mujer y con hijos y halitosis,
y problemas de próstata y de insomnio,
y una cuenta bancaria
bordeando el precipicio de los números rojos,
y enemigos mortales y aficiones pacíficas
y algún sueño prohibido inconfesable.
Como todos ustedes,
uno más del rebaño.
Bufón en la Gran Corte de la Tecnología.
Desde el punto de vista de los jefes
una mierda a la izquierda.
Completamente solo.
Condenado a morir. Injustamente.
Un hombre triste y gris.
Como todos ustedes.
INFORMACIÓN CONFIDENCIAL
Como gotas de sombra
en un libro de nadie
van cayendo las letras que forman el poema,
un caos de palabras abrazándose
a la desesperada,
gota a gota los versos
resbalan como lágrimas, resbalan hasta el borde
de la desolación, hozan la página,
los versos
con mi erre hache cero positivo,
con mi nif y mi signo del zodíaco,
los versos cuya estela conduce sin remedio
a la calamidad,
como gotas de sombra cuyo rastro,
ese hilo que forma
la biografía de un desconocido,
se pierde totalmente
en la espiral anónima del tiempo.
PRONÓSTICO MUY GRAVE
Sin darme cuenta voy
alejándome de la realidad.
No sé nada del mundo
que bulle tras los muros de mi casa.
El mundo enajenado de unos hombres
que vienen y que van,
y que van y que vienen,
no sé muy bien de dónde y para qué.
Confieso que prefiero
dialogar con mis libros,
compartir con los pájaros mi pan,
escuchar el silencio que destilan los campos,
mirar el horizonte
por si acaso aparecen los gigantes.
ACOSO SENSUAL
Me persiguen los sueños insensatos
como una luminosa tempestad.
La belleza dispone a su antojo de mi alma.
La manzana prohibida del deseo
me tienta con su pulpa milagrosa.
El olor del azahar estremece mis huesos
y miro con arrobo las palomas.
¿Qué podría alegar en mi defensa
si sé que demasiado a menudo
me dejo sobornar por la locura?
Os juro que he intentado muchas veces
forzar mi voluntad y reformarme
para ser un buen padre de familia,
modélico varón, ciudadano ejemplar.
Pero os digo de veras que es inútil
luchar contra el instinto.
Mi vocación de pájaro me acerca
irremediablemente a las estrellas.
PALABRAS Y PALABRAS Y PALABRAS
A veces, en la noche,
me despierta un confuso zureo de palabras.
Palabras que conspiran en la sombra,
que convocan la lluvia y el milagro,
que condenan a muerte fulminante
o prometen amor más allá de esta vida.
Palabras que me llegan
en forma de blasfemia o de oración,
vestidas de anatema o de conjuro.
Palabras que atraviesan
el espeso tabique de los siglos
y acuden hasta mí como palomas
o dardos venenosos.
Palabras pronunciadas en idiomas extraños
y en épocas remotas. O dichas ayer mismo
y en esta misma lengua.
Entonces me levanto,
me acerco hasta el balcón
y permanezco inmóvil, aguzando el oído,
bajo la luz sulfúrica
de una luna tristísima e insomne.
Y sólo acierto a oír,
como una voz cansada y subterránea,
la invariable salmodia
del viento entre las hojas de los árboles.
NOCHE DE VERANO
Una vez, siendo niño, le pregunté a mi padre
a dónde van los hombres cuando mueren.
Era una hermosa noche de verano.
Estábamos sentados a la puerta
de la casa en dos sillas
de anea y contemplábamos el cielo.
El aire nos traía dulcemente
el olor del jazmín.
Mi padre me miró con ojos bondadosos
y tras breve silencio me explicó
que la muerte no existe y que los hombres
acaban transformándose en estrellas
que brillan en el cielo.
Cuando me hice mayor y consulté los libros
descubrí con sorpresa
que la luz de los astros no es eterna,
que también su existencia se consume
con el paso del tiempo.
Ya hace muchos años que mi padre murió.
Hoy quisiera tenerlo junto a mí,
igual que aquella noche, y poder formularle
la pregunta obsesiva que me hago
al mirar hacia el cielo
en mi silla de anea solitaria:
¿a dónde van los astros cuando mueren?
CASUS BELLI
“Contra el devastador ejército del tiempo”
V. Gallego
Es inútil tratar de detener lo inevitable.
¿Qué puedo hacer, me digo al contemplar
el campo de batalla?
Estoy predestinado a la derrota.
Inútil resistir desesperadamente
los continuos ataques de ese ejército
que asedia con furor mi fortaleza,
de esa terrible máquina
de destrucción que todo lo aniquila.
Sin clemencia posible.
OPERACIONES COTIDIANAS
Detrás de cada esquina de la vida
el destino me tiende su emboscada.
Y es capaz de guiarme hasta lo excelso
por las bellas veredas de la luz
o de precipitarme
por los mil bulevares de la sombra
hasta el fondo abisal de mi degradación.
Todo acto me vincula con el mundo
en forma de posible redención o castigo.
En cada nuevo día que amanece.
En cada singladura de mi alma.
En cada golpe oscuro de existencia.
SED
“Desde el ser-o-no-ser al no-sé-dónde”
Elvira Vicente
Esta sed permanente
de atrapar la belleza con metáforas,
de enristrar heptasílabos
igual que mariposas de luz sobre un papel,
debe de ser un síntoma de algo más profundo,
de algo incomprensible que crepita
en la hoguera del ser y del no ser
y el sin embargo.
Sospecho que esta fiebre
me habrá de acompañar toda la vida,
pues entiendo que no hay perennidad
más cierta que el deseo de existir
más allá del fulgor que nos deslumbra.
ADÁN
Cada vez que la sierpe me ofrece la manzana,
un extraño temblor sacude mis arterias,
paraliza la mano con que intento
atrapar el prodigio,
porque sé que la vida es un don misterioso
que dispensa su luz a quienes aman
por encima de todo la belleza,
pero me quedo siempre con el brazo extendido,
señalando la sombra de una estrella imposible,
y rumiando el pecado imperdonable
de mi abyecta y eterna cobardía.
CUESTIÓN DE ANALOGÍA
Se me escapan los versos de las manos
como astros apagándose
en mitad de la noche,
como trazos de sombra
que emborrona la lluvia en el dorso del tiempo,
como pájaros tristes
en un cielo de nadie,
como puntos de sangre suspensivos
sobre el papel en blanco de mi vida.
LA TRIBU
Me importan un comino las leyes de la tribu,
ese absurdo catálogo de normas y ordenanzas
que ha sido redactado
por magos, sacerdotes y hechiceros
en función de sus propios intereses.
Que no cuenten conmigo para sus rituales ceremonias.
Que me dejen vivir
de acuerdo con la voz de mi consciencia,
que yo sabré encontrar
la solución a todas mis incógnitas:
¿Por qué nací?
¿Cuál es el objetivo de mi vida?
¿Quién es el responsable de mi muerte?
JEROGLÍFICO
No acierto a resolver
el jeroglífico de mi existencia.
La miro del derecho y del revés,
la analizo al trasluz, la tiendo al sol,
me dejo penetrar hasta la médula
por su profundo aroma de raíces,
danzo en su honor, beodo de vino y de tristeza.
Por la noche la siento reventar
igual que una granada
de luz dentro de mí.
Pero siempre tropiezo
con la piedra viscosa de mis dudas,
con la desagradable sensación
de mi futilidad, de que la vida
es sólo una aventura provisoria
que no me pertenece en absoluto.
TESEO MOUSE
No tengo escapatoria.
Deben de haber cerrado a cal y canto
todas las puertas de este extraño laberinto.
Estérilmente busco la salida.
El hilo conductor hacia la luz.
El fin que justifique
esta triste existencia solitaria
en la urna del tiempo.
Y lo peor de todo es esta sombra
felina persiguiéndome
como una maldición por todas partes.
EL BOSQUE
Abandoné a mi madre y a mi padre.
Y a todos mis hermanos.
Dejé la casa donde yo nací
y me adentré en el bosque misterioso
dispuesto a atravesarlo
a golpes de machete o de canciones.
Tuve esposa, cacé para mis hijos
y alimenté la llama de mi hogar
con vino y esperanzas.
Mas los años pasaron
con una extraordinaria rapidez.
Mi mujer me dejó una noche de invierno
y mis hijos se fueron marchando poco a poco,
como se van los pájaros, dejando tras de sí
una estela de sombra y de tristeza.
Al fin he conseguido atravesar el bosque
y estoy arrodillado frente al mar.
DISCURSO SIN MÉTODO
Tengo la sensación
de haber dicho esto mismo en otra parte.
Tal vez estas palabras no son mías.
Quizás las dijo el australopitecus
cuya sangre circula por mis venas,
aquel tatarabuelo que cazaba mamuts
y a quien debo el color gris de mis ojos,
mi bisabuelo hitita, que pasaba a cuchillo a los vencidos,
incendiaba poblados y violaba doncellas,
mi abuelo, el mercader cartaginés,
gran amigo del vino y de hacer versos.
Estas palabras, digo,
con las que trato de espantar el miedo,
conjuros, sortilegios, oraciones,
el verbo lapidando la angustia existencial
ante el interrogante de la muerte,
palabras como piedras contra el tiempo,
son la herencia ancestral de mis antepasados.
Las mismas que dirán también mis hijos,
los hijos de mis hijos,
los hijos de los hijos de mis hijos.
EL TABLERO
No acabo de entender
muy bien en qué consiste
este maldito juego. Uno comienza
a caminar sin mapa o reglamento,
completamente a oscuras,
por un tablero extraño.
Va saltando casillas al azar.
Se tropieza con otros jugadores.
A veces los combate
o los ama con furia.
Se asocia, se disgrega,
se termina extraviando una y mil veces.
Un día, de improviso,
se topa con el fin de la partida.
Y sale del tablero para siempre.
SIN ORDEN NI CONCIERTO
No sé si estoy aquí o en otra parte.
Si vivo en un maravilloso sueño
o en una interminable pesadilla.
Si soy el resultado
de algún experimento intergaláctico
o la reencarnación
de un pobre campesino medieval.
Si he de considerarme libre o, por el contrario,
cautivo entre congéneres cautivos.
Ignoro si esta música azul me pertenece,
si la luz que ilumina mi existencia
es mía en exclusiva
o debo compartirla con otras criaturas.
No sé muy bien por qué, pero sospecho
de modo permanente
debe de ser orgánica,
como la sed, como la angustia
o el ansia de matar.
HOMO SOCIABILIS
Os quiero presentar
la bestia cuaternaria que me habita:
ese ser que os saluda cada tarde
con afabilidad,
que viste pulcramente,
que almuerza con cubierto y servilleta
y escucha a Paganini.
Detrás de ese antifaz
de dócil animal domesticado
late el instinto de un depredador.
Tal vez podáis reconocerme
si os miráis al espejo.
Mi rostro se confunde con la sombra
que a veces os persigue.
Miradme bien, ¿no veis
en el pozo sin fondo de mis ojos
la misma sima oscura
a la que os asomáis cuando la noche
sin amor os posee?
RITORNELLO
Después de darle vueltas y más vueltas
no tengo más remedio
que retornar al punto de partida.
Desactivar mis sueños y volver
al nudo umbilical
de mis congénitas tribulaciones.
Igual que un topo ciego
en mitad de la noche
regresando al cubil de su tristeza.
¿Qué importa si al final de este breve trayecto
que llamamos vivir resulta que la luz
que turbó nuestro espíritu
no es más que un espejismo
y es tan sólo la sombra lo que aguarda
detrás de la oquedad sin fondo de la sombra?
PARÁBOLA DEL CIEGO
Una vez me contaron
una extraña parábola.
Se trataba de un hombre que quería
descubrir el secreto de la luz
y decidió escrutar
de manera obstinada
el núcleo del sol.
Después de cierto tiempo
de infructuosa búsqueda,
el hombre regresó a la realidad
completamente ciego
y vivió para siempre
en un reino de sombras.
Confieso que jamás
entendí la parábola.
SECUELAS DE LA GUERRA
Soy un títere más
en esta guerra absurda
que los dioses dirimen
de forma caprichosa.
No sé de qué manera
me vi involucrado
en esta bacanal de sangre y sufrimiento,
y a merced de las balas
perdidas del azar.
Condenado a una muerte ignominiosa
que ha de quedar impune.
ESCENA BUCÓLICA
Un fresco y verde prado
bajo un cielo sin nubes
por donde fluye hermoso
el río de la vida.
Hay un frondoso sauce,
coronado de luz,
y entre las tiernas flores y los pájaros
un dios alegre hace sonar el arpa
atávica del tiempo.
Sólo tú y yo faltamos a la cita.
Sólo tú y yo, mi amor. La eternidad
jamás fue nuestra tierra prometida.
NULIDAD
Jamás podré planificar mi vida
de acuerdo con las leyes de la lógica
de la gran mayoría de los hombres.
Ni bajar de las nubes donde habito.
Tampoco soy capaz de diseñar
las líneas estratégicas de mi forma de ser
de un modo razonable y provechoso.
Me atrae en demasía
la fuerza de la gravedad del caos.
Mi conducta, por tanto, con frecuencia,
se aparta de las normas de las buenas costumbres,
del sentido común,
y de todo lo que, en definitiva,
concierne al patrimonio
de nuestra tradición civilizada.
Pertenezco a esa nómina
de seres que proyectan sus pasiones
más allá de los límites
matemáticos de la realidad.
Observo la existencia cotidiana al trasluz.
Y saco conclusiones que me asustan.
SOLILOQUIO DEL ARBORÍCOLA
No sé dónde ni cómo
consignar mi desánimo
por la feroz codicia
de los depredadores.
Cada día me cuesta
un poco más bajar
de mi árbol, ponerme
a buscar mi ración
cotidiana de nueces y de moras,
llevarles a mis hijos
un poco de esperanza.
Este bosque se está
volviendo demasiado peligroso.
Las alimañas se han multiplicado
en los últimos tiempos.
Y su rapacidad es infinita.
EFECTOS SECUNDARIOS
Ando como un sonámbulo
entre la gente. Cruzo
semáforos en rojo. Con frecuencia
tropiezo con farolas
o caigo en una zanja.
Yo sé que mi conducta no es normal,
que la gente murmura y que parezco
un zombi triste. Creo
que la culpa de todo
la tiene esta manía de quedarme
hasta las tantas de la madrugada
leyendo poesía.
POSIBILIDAD NO REMOTA
Es posible que acabe
dejando de ser yo si continúo
puliendo mis instintos,
que acabe pareciéndome a otro ente
con el que no comparto casi nada:
un hombre con mi rostro
y tan distinto a mí como yo mismo
cuando acato las leyes
de esta triste manada de carneros
entre los cuales vivo.
Es posible que ya no sea yo
quien escriba estos versos, sino un doble
infiltrado en mi alma como un virus.
Un doble, maniatado
por la moral de aquellos
que imponen su dicterio, organizan los ritos,
y forjan los destinos y la historia.
Cualquiera de vosotros
sabrá seguramente de qué hablo.
2ª PARTE: TÚ
FADO
Sucede que la vida
acaba convirtiéndose
en una vocación desesperada.
Aquella luz antigua
con la que iluminabas una edad
desprovista de límites, propensa
a la fascinación y a la mitología,
apenas te aprovecha hoy para apuntalar
el templo de los dioses derruidos.
La oscuridad se cuela lentamente,
como un insecto ávido,
por todas esas grietas que dejaste
en manos del azar, por las abiertas
cicatrices del alma
y por los intersticios de los sueños.
Sucede que tu vida
acaba por quedar
como una triste bestia abandonada,
expuesta a la codicia
insaciable del tiempo.
PONIENTE
Tiene que haber un código secreto
con el que traducir
el mensaje cifrado de esta paz infinita
que los campos rezuman,
las jaras, las higueras,
el humilde algarrobo centenario
alzándose en la luz hacia el poniente,
de este vago temblor
que sacude tu alma
con toda intensidad
cuando cruza tus ojos el relámpago
azul de la belleza, y en lo más
oculto de ti mismo eternamente
las rosas de la tarde
se desangran.
CLASE TEÓRICA SOBRE LA INMORTALIDAD
Disfruta cada día que el azar te concede
como si fuera el último
de todos cuantos han de conformar
el breve calendario de tu vida.
Cada uno de ellos
te ofrece en su pequeño transcurrir
la gracia irrepetible
de la inmortalidad.
FABULACIÓN Y SIGNO
A veces, en silencio
te preguntas por qué
existe la belleza como un signo
que puede disolverse entre lo oscuro
lo mismo que la luz o la esperanza.
A dónde van bellísimas las tórtolas
que la tarde se lleva con tus ojos
por el zaguán azul de la memoria.
LÓGICA ARGUMENTAL
Al despertar el mundo
te golpea la cara. Los ojos se te abren
y un cuchillo de luz
te rasga la pupila. Un buen día
comprendes que la vida se te escapa
de las manos. Caminas como un prófugo,
embozado en la noche, sin mirar hacia atrás.
Te sabes extraviado en mitad de la selva
y la vida se vuelve un juego peligroso.
Mas tú sigues andando
y bordeas abismos, pantanos y desiertos.
De improviso, una cruz se yergue en un recodo,
una cruz con tu nombre,
una cruz del tamaño de la tierra.
Y comprendes que has sido convocado
por una música oscura y antiquísima
y que toda tu vida ha consistido
simplemente en llegar hasta esa cruz.
Te sientas a esperar lo inevitable.
Y un cuchillo de sombra
te rasga como un sueño la pupila.
ORFANDAD
No puedes soslayar la sensación
de que tu soledad es infinita.
Miras el sucederse de los años
desde el exilio de tus sueños rotos.
Contemplas con ternura
la tierra que te aguarda
lo mismo que una madre,
y el viento frío
que te ha de llevar.
NATURALEZA MUERTA
Pobre de ti que ansías
inútilmente la inmortalidad,
que transitas la tierra
persiguiendo un atisbo fugaz de trascendencia,
que indagas el origen de la luz
desde el incierto núcleo de la sombra.
¿Qué buscas? ¿A quién llamas
con ese delirante aullido ronco
bajo la oscura noche de los tiempos?
No busques. No hallarás
sino el silencio mudo por respuesta.
Naturaleza muerta al otro lado
de la sucia pantalla
donde tu vida mísera discurre.
VIDA DE PERROS
Cruzas la calle. Vas
en busca del amor,
la vida es para ti
este momento solo,
la luz que cae perpendicular
sobre el asfalto,
el intenso color
rojo de los claveles,
las nubes migratorias.
La claridad palpita
con todo su esplendor
en tus venas. Intuyes
que en el soto de álamos,
junto al río te espera.
El olor de su sexo te conduce
igual que un lazarillo.
Pero, entonces, de pronto, todo cambia
y, asustado, te haces las preguntas
que nadie te ha de responder jamás:
quién apagó la luz de la bombilla,
desde dónde dimana
este silencio oscuro,
por qué nada te duele de repente.
Qué puede hacer un perro
en estas condiciones.
LOS PINOS
El olor de los pinos resucita
imágenes lejanas, extraviadas
en alguna región de tu memoria.
Escenas de otro tiempo que perduran
a pesar de la lluvia, de la sombra caída,
de la niebla astillándose en recuerdos.
Escenas donde ves
el rostro de tu padre, la luz de aquel verano,
el jazmín y el romero,
las cigarras ardiendo bajo el sol,
las tórtolas azules,
el silencio del agua detenida en la piedra.
El reino que perdiste para siempre.
3ª PARTE: ÉL
CONTRAPUNTO
Siempre es la misma historia.
Tras el eructo de las metralletas,
el bello contrapunto de los pájaros.
Y después, el silencio.
DESENLACE TRADICIONAL
En el claro del bosque,
transcurría con calma la reunión.
Los temas a tratar estaban reflejados
en el orden del día:
la solidaridad, la xenofobia,
el amor a los débiles, la igualdad de derechos
entre todos los miembros de la comunidad.
Un aullido de lobos, de repente,
estremeció los huesos de la noche.
Los congregados, rápidos, huyeron
en desbandada. Sálvese quien pueda,
gritaban los más fuertes.
Los lobos atraparon al más torpe
y en medio de aquel claro
devoraron calientes sus entrañas.
La historia eternamente se repite.
Es lo malo de ser un ciervo cojo.
LOS AMANTES
Los dos creen que el mundo,
más allá de la urgencia de la carne,
carece de sentido.
Se juzgan destinados a la inmortalidad
y desprecian aquello que subsiste
sin fulgor, desgastado por la lepra
fatal de la costumbre.
En sus ojos destella
la luz de las semillas.
Y en sus venas un fuego antiguo y poderoso
enciende las hermosas
antorchas de la vida.
Ignoran que en la sombra
la terrible clepsidra del hastío
conspira contra ellos.
LA ÚLTIMA CENA
Vinieron a por él
unos hombres oscuros
y en silencio partieron
bajo la espesa lluvia de la noche.
Eran años difíciles. El odio
asolaba la tierra
como una interminable epidemia de sombra.
Dijeron que murió junto a un olivo,
igual que un perro abandonado. Nadie
trajo nunca su cuerpo. Desde entonces,
su madre y yo seguimos mirando el horizonte
por si esta guerra inútil finaliza
y él acaso volviera.
Avivamos un fuego de retamas amargas
y aguardamos aquí,
junto a la mesa, como aquella última noche,
con el vino y el pan.
Y la esperanza.
TANGO
Ese hombre que engorda,
alopécico y triste,
como un pez recluido en un insólito
acuario de sombras,
que ve crecer el número
de muelas careadas y de estrías
en los pliegues del alma,
que padece de insomnio galopante,
que cuenta cada noche hasta un millón
de ovejas, de ladridos y de insectos,
que contempla con incredulidad
cómo el colesterol y el desengaño
de pronto se disparan
como flechas de pus por sus arterias,
que mira a sus espaldas y distingue
una senda plagada de sueños amputados,
que mira hacia delante y reconoce
la tarde que declina para siempre,
el cielo calcinado por los pájaros,
el abismo insondable ante sus pies.
ACTA DE DESPOSESÓN
No hay nada más azul que la tristeza,
esa desposesión
lentísima
que asciende como un mar
hasta los laberintos del espíritu,
esa música extraña que acontece
cuando la tarde cae y la existencia
es cálida orfandad, sospecha de una estafa,
profunda apelación a la cordura.
LECCIÓN DE HISTORIA
Julio César ganó muchas batallas.
También Napoleón, Adolfo Hitler,
Nabucodonosor de Babilonia
y otros tantos caudillos, generales,
monarcas, mandarines, zares, príncipes
que grabaron sus nombres en el oro
de la inmortalidad.
Lo malo de este asunto
es que nadie recuerda
que la historia se escribe con la tinta
eternamente roja
de la sangre de aquellos cuyo nombre
no consta ni en la letra
pequeña de los libros de la historia.
NECRÓPOLIS
El oscuro ciprés de la necrópolis
se yergue solitario.
Como una catapulta milenaria
proyecta contra el cielo
el silencio del polvo y su miseria.
La lengua verde de su sombra lame
con desgana las lápidas.
En su copa los pájaros
picotean la luz.
Cuando la tarde cae sobre el mundo
y asciende como un vaho
el olor de la tierra inescrutable,
el viajero contempla la necrópolis
en todo su esplendor.
Su sórdido botín.
Su yermo paraíso de ceniza.
OF COURSE
Se recomienda amar sin condiciones.
Reducir en la sangre los viscosos
sedimentos del no,
los abundantes posos de la desdicha diaria.
Cualquier capítulo amoroso ofrece
la posibilidad
de conquistar el universo. Amar
a, ante, bajo, cabe,
el día que reparte a manos llenas
los panes y los peces de la luz,
la tarde y su perímetro de pájaros,
la noche que concibe
las luces de neón de las estrellas.
Habitar los paisajes bellísimos del sí,
sin peajes ni cuotas,
y sin los intereses que dispone
el índice bursátil de la vida.
Amar a cualquier precio.
Sin contraprestaciones.
Y a fondo muy perdido, por supuesto.
EL HOMBRE
Una brizna de hierba
traída por el aire
que cae con blandura
sobre la superficie azul del agua,
que lucha inútilmente por no hundirse,
que sucumbe y acaba descendiendo
hasta el fondo del limo.
VARIACIONES SOBRE UN TEMA DE CERNUDA
De que la vida es una breve tragicomedia
se encarga de dar fe
el eterno conflicto que provoca
la realidad del hombre y su deseo.
Existen mil maneras para narcotizar
la bestia subterránea del instinto.
Mil formas barbitúricas
contra la soledad.
Antídotos y fórmulas
para el dolor del alma.
Pero no hay terapéutica posible
contra la prescripción de la existencia.
Contra esa larva que en silencio crece
y acaba convirtiendo en certidumbre
la sórdida exclusión sin paliativos
del falso paraíso cotidiano.
Lo que la realidad hacía sospechar.
Lo que negó con creces el deseo.
ORACIÓN
Debe de haber un dios
en algún recoveco sideral.
Un ser de otra galaxia que administre
los días y las noches,
el ciclo de las lluvias y las guerras,
las largas migraciones de los pájaros
y las pequeñas dosis cotidianas
de hambre y sufrimiento.
Alguien a quien pedir explicaciones
acerca de esta pésima gestión
de convertir al hombre
en el protagonista de la historia.
No es posible que tanto desatino
se deba solamente
a la ruleta rusa de los astros.
Sin duda alguna. Debe
de haber alguna mano celestial
detrás de esta barbarie milenaria.
ÉRASE UNA VEZ
Con gran facilidad
contaba las estrellas en la noche
o rastreaba el curso de las nubes.
Después posó sus ojos en la tierra
y en la hierba que nace blandamente.
Ahora sólo bucea,
igual que un pulpo ciego,
en un inmenso légamo
de sombras subterráneas.
EL TAHÚR
El tiempo siempre juega
con las cartas marcadas,
lo mismo que un tahúr demoledor.
Por eso es imposible derrotarlo.
Por eso no nos sirven
los ases que guardamos en la manga.
Por eso nos despoja lentamente
de todos nuestros bienes
y acaba destruyendo nuestra vida.
QUIÉN
Un triste personaje
que colecciona sombras.
Un notario ridículo
dando cumplida fe
de su falta de fe.
Un músico que ausculta
entre las partituras del silencio
las claves de su alma.
Un hombre que apuntala
con versos ordinarios
la historia intrascendente de su vida.
DATOS PARA UNA BIOGRAFÍA
Ese niño que corre por la plaza
y juega a la pelota bajo el sol del verano.
Ese joven que tiembla con la música
de una balada triste y llora porque siente
que está predestinado a la felicidad.
El mozo que no sabe para qué
sirve un fusil. El hombre que sonríe,
hermoso como un dios invulnerable,
en la fotografía de su boda.
El profesor que intenta,
sin demasiado éxito,
hablar a sus alumnos de gramática.
El marido que ama a su mujer
hasta en sus más inconfesables sueños.
El padre que amonesta
con amor a sus hijos.
El abuelo que sienta en sus rodillas
a sus nietos y cuenta interminables
batallas de otras épocas.
Ese viejo que escribe en un banco del parque,
melancólico y solo, estrafalarios versos.
Esa sombra que nadie consigue recordar.